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El chicharrón y la patria

"En la práctica, el desayuno, con o sin chicharrón, es un acto menor de resurrección al alcance de los mortales que beben café”.

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(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
07/09/2025 - 07:10
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Una pregunta suelta: ¿para qué sirve un desayuno? El alimento más importante del día es la fuente de reposición energética al cabo de ocho horas de ayuno nocturno. Siempre y cuando no se haya asaltado el refrigerador al amparo de la noche.

Lo más importante de esta primera comida es que el desayuno le da sentido a las mañanas, haciendo benevolente el comienzo del día y sus ajetreos. En la práctica, es un acto menor de resurrección al alcance de los mortales que beben café.

Pasemos a una segunda pregunta vinculada: ¿para qué sirve un influencer? La respuesta más simple y rápida es: para nada.

Lo anterior quedó palpablemente demostrado durante la pandemia. En tiempos en que la existencia se redujo a un hilo frágil e incierto, el oficio de vender lo privado como mercancía, sea esto cierto o simulado, quedó multiplicado por cero. Las profesiones verdaderamente indispensables resaltaron solas: médicos, enfermeras, bomberos, gente encargada a la tarea de recoger desperdicios ajenos. Con el interés concentrado en la supervivencia, quedó meridianamente claro que un influencer no servía para nada, salvo para determinar el precio de nuestra atención.

Ya de regreso en la sosa normalidad, ha vuelto a ser ubicuo el que terceros cuenten cómo viven. Es así que un influencer está convocando la atención de millones de personas en torno a un tema maravillosamente irrelevante. Ibai Llanos, influencer español, ha enfrascado países en una discusión particularmente idiota: el campeonato mundial de desayunos.

Ibai, un exobeso que alguna vez marcó los 118 kilos sobre la balanza, sabe perfectamente qué es lo que está haciendo. Valiéndose de un tema de atención mundial, tal como lo es el desayuno, apela al entusiasmo chauvinista, alivio de varias carencias. Ibai capitaliza la poca exigencia de una atención masiva con temas pendientes de autoestima.

La estructura de su competencia se arma en un minuto. Sin embargo, queda como sofisticada al lado de cómo otros colegas suyos influenciadores se ganan los frejoles.

El norteamericano Speed pasó por Lima corriendo como un energúmeno mientras ladraba imitando a un perro. En el camino iba masticando lo que sus seguidores le ofrecían. Ejecutó un salto mortal en la Municipalidad de Lima, popularizó entre primeros votantes adversos a la política el apodo porcino del alcalde candidato y redujo las enseñanzas de esta visita a una frase que lo dice todo y no dice nada: Perú es clave. Por esas horas de trabajo, Speed acopió millones de vistas monetizables. Ibai es Da Vinci a su lado.

Lo artificial del debate generado más dice de nuestra honda necesidad de visibilidad y autoafirmación en la era digital. Cancelados en el fútbol, poseedores del triste récord de cinco presidentes encausados por corrupción —que serán seis el próximo año con Dina Boluarte—, solo nos queda la supuesta superioridad de juntar carne entre dos panes como refugio de orgullo incólume.

Sumándonos a la espuma nacionalista en torno a la comida mañanera, es justo y necesario constatar la superioridad incuestionable del pan con chicharrón versus cualquier otra apropiación gastronómica realizada por nuestro querido vecino al sur. Esto último no se dice a manera de agravio, sino como mera constatación factual.

El chancho, noble y valiente animal que cruzó un océano con los primeros conquistadores, se aquerenció en el lodo andino, lodo peruano, con amor y gusto. Su carne frita a altas temperaturas que la atemperan y suavizan, acompañada con pan entre jugosa cebolla y dulce camote nativo constituyen una declaración de fe y gratitud a la vida. Felices los chanchos, felices nosotros.

Su rival chileno, un pan con palta es, con todo respeto solo un pan con palta. Con el agravante de que la palta se cultivaba y consumía en el Perú prehispánico, tal como lo atestiguan cerámicas mochicas que retratan la verde fruta. A Chile llegó recién en la época colonial. Perú, en realidad, está compitiendo contra otro desayuno peruano, maniáticamente plagiado según método habitual digno de evaluación psicológica.

Al margen de un debate que se gana solo, es importante, si es que a alguien le interesara sacar alguna lección de esta empresa absurda, recordar el tema de fondo: un influencer se sirve a sí mismo.

Ibai se lleva aproximadamente más de un millón de soles al mes por hacer lo que hace. Tomando como cálculo lo que cuestan los desayunos de Qali Warma, y descontando para fines prácticos los casos de envenenamiento que suelen provocar esas colaciones estatales, con esos ingresos se le podría otorgar desayuno a 250,000 niños en situación de pobreza.

Celebremos esta fugaz alegría digital, no nos sobran alegrías. Pero no creamos que el país se volverá decente gracias al triunfo de un pan con chancho.

 

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