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El celular no enseña ni aprende

"El uso de la tecnología, para que impacte en la sociedad, no puede imponerse o prohibirse por ley".

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"Ninguna tecnología educa por sí misma. Es el martillo esperando la mano y la intención".
Fecha actualización:
12/09/2025 - 07:00
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¿A quién se le puede ocurrir que el celular enseña? Es tan absurdo como pensar que el martillo clava. La herramienta, por sofisticada que sea, no garantiza resultados sin la mano y el propósito de quien la usa. Lo mismo ocurre en la educación: ningún dispositivo asegura aprendizajes si no está mediado por una estrategia pedagógica

Durante la pandemia se creyó que bastaba con videollamadas —el “EducaZoom”— para sustituir la escuela. Cuatro años después sabemos que aquello no solo fue insuficiente, sino que generó retrocesos. En el Perú se han entregado tablets, laptops y conexiones, pero seguimos sin una política clara de pedagogía digital. El resultado: más horas frente a pantallas, pero no necesariamente más o mejores aprendizajes.

Entre extremos —repartir tecnología sin propósito definido o prohibirla por ley— hemos perdido el rumbo. La verdadera pregunta no es si un celular puede enseñar, sino qué queremos enseñar con él. ¿Lo usamos para que los estudiantes creen, investiguen y colaboren? ¿O solo para consumir pasivamente información? El futuro no depende de cuántos dispositivos distribuyamos, sino de cómo los integramos a metodologías activas y a las necesidades concretas de la comunidad educativa.

El uso de la tecnología, para que impacte en la sociedad, no puede imponerse o prohibirse por ley. El camino más sostenible es el desarrollo masivo de una cultura digital que permita que cada uno se apropie de la tecnología más relevante para sus propios fines y para el bien común.

Ninguna tecnología educa por sí misma. Es el martillo esperando la mano y la intención. El desafío está en que cada golpe, cada clic, responda a un proyecto educativo con sentido.  

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