La Armada retiró los buques mar adentro y se declaró en rebeldía frente al golpe de los hermanos Gutiérrez. El capitán Miguel Grau se encargó, comandando un acorazado bautizado Huáscar, de distribuir la proclama en el sur del país. Cuando tuvo que explicar los motivos de la decisión de la Marina, solo señaló: “No reconozco otro caudillo que la Constitución”. Pronto, el pueblo empezó a amotinarse, mientras que el presidente electo Pardo fue trasladado a bordo del Independencia que lo mantuvo a salvo. Silvestre fue enviado al Callao a controlar el motín. A su vuelta a Lima, fue asesinado por la masa.