La epopeya más antigua de la humanidad es el Poema de Gilgamesh, y su primera versión fue compuesta alrededor del 1800 a. C.; la segunda, más difundida, de 1200 a. C. Ambas, incompletas, se han conservado en tablillas de arcilla y en idioma acadio, aunque Gilgamesh fue rey sumerio y en esa lengua aparecieron los primeros cantos sobre sus hazañas. El héroe es rey de Uruk y somete sexualmente a todos los jóvenes: “No deja un hijo a su padre; ninguna muchacha a su marido”. Contra él, los dioses crean a un hombre salvaje y muy fuerte, Enkidu, que vive con las bestias del bosque. Enterado de su existencia, el rey envía a Shámkhat, una prostituta sagrada, y ella lo deslumbra con su belleza. Copulan seis días y siete noches. Al final, el arte de Shámkhat convierte al extenuado salvaje en un ser humano, puede usar el lenguaje. Eros como creador de Logos. Esta idea es genial, pero se acaba de descubrir que es aún mejor.
La best seller chilena Isabel Allende publicará libro sobre el papel que ha tenido la escritura en su vida.
Hace ocho años (nada en la historia del texto) el sumeriólogo Andrew George encontró que una nueva tablilla no repite sino completa la proeza de Shámkhat. Enkidu y ella se regocijan durante dos semanas, no una. Al cabo de la primera, ella le propone ir a Uruk y él acepta, pues quiere enfrentar a Gilgamesh y arrebatarle el poder. Pero al cabo de la segunda jornada Shámkhat logra algo esencialmente distinto. Esta vez lo invita a convivir con los demás: “Donde los hombres se dedican a hábiles labores tú también, como un hombre de verdad, te harás un lugar”. Y el poeta dice: “El consejo de la mujer caló hondamente en el corazón de Enkidu”. Este acepta con entusiasmo integrarse a la vida social. Es preocupante ver que muchos políticos no alcanzan este grado de civilización sin importar cuánto sexo tengan.
"Dos semanas de sexo seguidas es algo intimidante (por no decir poco atractivo)", observa Sophus Helle, traductor de la epopeya al danés. Y destaca el valor del relato gradual del poema. Al cabo de la primera jornada, Enkidu adquiere el lenguaje, pero piensa como una bestia; luego de la segunda, alcanza la plena condición humana por medio de la socialización. Esta obra llena de genialidades puede leerse en la editorial Tecnos, en la edición del erudito Federico Lara Peinado (Tecnos publicó dos), aunque no incluye la segunda semana de felicidad educativa. El autor de la versión definitiva de 1200 a. C. fue el sacerdote Sin-leqi-unninni, varón de quien nada sabemos.
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