La democracia directa, en la que cada ciudadano influye con su voto en la toma de decisiones, debería ser limitada, casi exclusivamente, a la elección de sus representantes. Y es que no le podemos pedir al ciudadano que dedica su tiempo a romperse el lomo trabajando, alimentando, educando y manteniendo sana a su familia, que también pueda tener capacidad de decidir sobre temas que le resultan anchos, aunque no ajenos, para eso están sus representantes.