La ley, lamentablemente observada, impide que miles de profesionales peruanos de salud, ingeniería, turismo, software, automatización y otras disciplinas puedan trabajar y exportar sus servicios en las mismas condiciones que sus similares en países competidores. O somos audaces y promovemos la competitividad global de nuestros profesionales y empresas jóvenes, o nos quedamos detrás de los países que sí actúan sabiendo que el comercio de servicios será pronto mucho más importante que el de mercancías, tanto en valor como en aporte al desarrollo de conocimiento, capacidades y productividad del país. Nuevamente, una oportunidad perdida por mirarse el ombligo en lugar de mirar el futuro.