Lejos de entender el ejercicio del cargo público como una responsabilidad con el país y sus ciudadanos, en nuestro medio parece percibirse como un privilegio que se recibe y se ejerce como coronación de determinados esfuerzos, sean estrictamente profesionales o producto de algún toma y daca con los poderes de turno. Un mal que se extiende prácticamente a todas las tendencias políticas, como se ha podido apreciar también en los últimos Congresos que hemos tenido, pues en esta ausencia de principios firmes no hay bandera partidaria que se salve.