Lo cierto es que con leyes y proyectos tan en contra de los intereses nacionales como los retiros de las AFP, el sabotaje a la reforma de la administración pública, las ventajas otorgadas a los transportistas informales o la malhadada defensa del ilícito negocio de las universidades bamba (léase, contrarreforma universitaria), el Congreso no ha hecho más que favorecer la anarquía en las pistas y la ruina de la economía y la educación. Y con ello, desde luego, han seguido minando la credibilidad de la institución parlamentaria, de por sí bastante menoscabada entre la ciudadanía.