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Economía y debates presidenciales

“Mientras no tengamos mejores instituciones ni cambiemos las personas, resulta muy difícil que seamos un país competitivo, capaz de brindar a sus ciudadanos servicios básicos de calidad”.

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(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
29/03/2026 - 07:10
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Pasó la primera semana de debates. Más allá de lo que uno piense sobre quién ganó o quién perdió (cada uno cree que su candidato ganó), el tema central no ha sido la economía, sino el marco institucional. Está bien que haya sido así. El problema de la economía no está en la economía, sino en la debilidad institucional; es sobre ella que funciona la economía. ¿Y qué entiendo por “funciona”? Pues que todos los ciudadanos tengan acceso a servicios básicos de calidad.  

En los últimos años, el Perú atraviesa por una involución o recesión institucional; es decir, una situación en la que cada vez se cree menos en nuestras instituciones. Sin ellas es imposible crecer de manera sostenida y, más difícil aún, elevar el nivel de vida de los ciudadanos más vulnerables.  No se cree porque no funcionan. Y ante ello los candidatos deben hacer propuestas. Dicen muchas cosas, pero todos sabemos que, una vez que lleguen al poder, no harán nada de lo que dijeron. Una de las razones es que parece que no tienen claro qué es una propuesta, cómo se hace, cuánto cuesta y qué impactos esperan. Sin eso, solo son opiniones agregando términos descalificativos a otros, algunos muy bajos. ¿Así creen que lograrán más votos?  

Toda estrategia económica se aplica dentro de un marco institucional determinado y no en un vacío. Si las instituciones no funcionan de una manera adecuada, ninguna estrategia económica tendrá éxito, entendido este como el hecho de que el bienestar llegue a todos. Desde hace mucho tiempo, quizá décadas, vivimos una recesión institucional.

Mientras no tengamos mejores instituciones ni cambiemos las personas, resulta muy difícil que seamos un país competitivo, capaz de brindar a sus ciudadanos servicios básicos de calidad. El debate institucional está más allá de la izquierda y la derecha, y es anterior a ellas. Miremos el mundo y veamos por qué algunos países funcionan mejor que otros. Encontraremos que son sociedades con altos niveles de confianza interpersonal que, además, tienen muy bajos niveles de corrupción y Estados que están al servicio de los ciudadanos con eficiencia y eficacia, tres condiciones que no se cumplen en el Perú.  

En economía, el concepto de “instituciones” tiene dos acepciones: en primer lugar, son organizaciones, como el Congreso, las universidades, la Policía Nacional, el Colegio de Abogados, un ministerio, una empresa privada, un club de fútbol, etcétera. Todas ellas se entienden como organizaciones con objetivos compartidos entre sus miembros. ¿Creemos en ellas?

En segundo lugar, son las reglas de juego: algunas formales, como las leyes, y otras informales, que responden más a costumbres y hábitos de la población. Tanto las primeras como las segundas determinan cómo funcionan las economías, pues todas las sociedades funcionan con reglas, algunas no escritas.  

¿Cómo podría fluir la inversión privada, tan importante para reactivar la economía y así aumentar el empleo, si no evitamos que en el camino funcionarios corruptos encarezcan el proceso buscando intereses personales a cambio de una coima? ¿O es que no se puede hacer nada y debemos caer en la corrupción para poder funcionar? ¿Cómo aumentamos la inversión pública si los gobiernos locales, regionales y el central no tienen capacidad de gestión? ¿Cómo sostenemos un país en el que la formalidad solo funciona para 27% de los trabajadores y la mitad de las empresas? ¿Cómo podemos avanzar en un país en el que nadie cree en nadie y reina la intolerancia y desconfianza? 

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