En realidad, luego del susto que generó su intento de desviación, sumado al deterioro en los precios de los minerales que exportamos, se ha creado un manto de desánimo que parece un tanto desproporcionado. Incluso, algunos pensaron que era inevitable el colapso, otros han dejado sus planes de expansión de lado. Dicho sea de paso, la rapidez con la que el sector privado pasó de entusiasmo desenfrenado a pesimismo generalizado, merece ser estudiado, sería un reflejo de estados alterados.