El Perú repite una idea que suena bien, pero que esconde una gran contradicción: somos un país de emprendedores. Sí, emprendemos. Pero no estamos creciendo. Y peor aún, no estamos compitiendo.
Cada año se crean miles de negocios en el país, pero la gran mayoría no sobrevive ni escala. No por falta de talento, sino por falta de condiciones. El Perú ha normalizado un modelo donde el emprendimiento es sinónimo de subsistencia, no de desarrollo.
Los datos son claros. Más del 70% de la economía es informal. Ocho de cada diez emprendedores inician un negocio por necesidad. Y según estudios de CAENE Data, la inseguridad se ha convertido en el principal freno para crecer. ¿Qué empresa puede escalar cuando vive amenazada por la extorsión?
Aquí está el verdadero problema: el Estado peruano no entiende al emprendedor. Lo regula como sospechoso, lo asfixia con trámites y lo abandona frente a la delincuencia. Mientras tanto, en otros países, el emprendimiento es tratado como política estratégica de crecimiento.
El Perú no necesita más discursos sobre “apoyar al emprendedor”. Necesita decisiones. Y decisiones firmes.
El próximo presidente debe asumir una verdad incómoda: si no transforma el ecosistema empresarial, no habrá crecimiento sostenible. No basta con estabilidad macroeconómica si la microeconomía está atrapada en la informalidad, la inseguridad y la falta de financiamiento.
El país necesita pasar del emprendimiento de sobrevivencia a una economía de scale ups. Empresas que crezcan, que exporten, que generen empleo formal. Y eso no ocurrirá solo.
Se requiere eliminar trabas regulatorias de forma agresiva, crear financiamiento real para empresas con potencial y, sobre todo, recuperar el control del territorio. Sin seguridad, no hay inversión. Sin inversión, no hay crecimiento.
El Perú no está condenado al estancamiento. Está mal gestionado.
Por eso, el llamado al próximo presidente es directo: deje de hablar de emprendimiento como discurso político y empiece a construir un país donde las empresas puedan crecer sin miedo.
Porque si el emprendedor no escala, el Perú tampoco.