Es por esto que, para este caso específico, he elaborado un proyecto de resolución legislativa que modifica el Reglamento del Congreso. Con esto, los congresistas tendrán el derecho a expresarse en su idioma original y de contar con traducción directa o inversa. Podrán intervenir en su lengua originaria y, con un sistema de interpretación simultánea, entenderse con el resto de parlamentarios. También podrán presentar documentos oficiales en su respectiva lengua. Esto no es nuevo ni difícil. Ya se aplica en países como Bolivia, Canadá, España o Nueva Zelanda.