Por: Karla Verástegui, Gerente de innovación e impacto social de Aporta
“Gracias, ya no me siento tan culpable”, dijo una madre en una de las primeras charlas para padres a las que asistí por uno de nuestros proyectos. No fue la única. Otros también confesaron sentir que no daban lo suficiente a sus hijos: tiempo, paciencia, atención. Aquella frase me marcó, y me llevó a una conversación con Ana Núñez, especialista en discapacidad y coordinadora de proyectos en Aporta, Plataforma de Innovación e Impacto Social de Breca. Con ella reflexionamos sobre cómo este sentimiento se intensifica en madres y padres de niños con discapacidad.
Como todos, buscan que sus hijos sean felices y autónomos. Pero además, deben asumir roles adicionales: terapeuta, maestro, asistente personal. Todo esto implica un esfuerzo físico y emocional, sumado a una carga económica que no es menor. Según el reciente informe de Unicef Perú y Sodis, criar a un niño con discapacidad puede costar hasta un 43% más al mes que a un niño sin esta condición.
Aunque celebran cada pequeño logro con enorme alegría, la pregunta regresa una y otra vez: ¿Estoy haciendo lo suficiente? ¿Qué pasará cuando ya no esté?
Ana Núñez explica que los cuidadores enfrentan un nivel mayor de presión emocional. Estudios internacionales lo confirman: quienes cuidan a personas con discapacidad presentan más síntomas de culpa, ansiedad, insomnio, e incluso problemas físicos como trastornos musculares o cardiovasculares. Por eso, Ana insiste: “el bienestar del cuidador es clave para el desarrollo del niño”.
Desde el proyecto Volar, en Aporta, trabajamos justamente en eso: fortalecer las capacidades parentales desde el autocuidado. Brindamos herramientas para manejar el estrés y promovemos el uso de actividades cotidianas para fortalecer el vínculo con sus hijos, además de impulsar redes de apoyo emocional.
Creemos en una inclusión genuina, que se exprese en acciones concretas, no solo en buenas intenciones. Desde el sector privado podemos sumar con soluciones centradas en las personas, articuladas con los esfuerzos del Estado y la academia. Existen iniciativas como CONADIS, el programa Contigo o la Red Alivia, pero necesitan fortalecerse. Y cada uno de nosotros puede aportar a ese cambio.
El compromiso es claro: dejar un país en el que todos los niños —con y sin discapacidad— tengan la oportunidad de vivir plenamente. Para eso, necesitamos cuidadores que se sientan respaldados.
Que fechas como el 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, nos muevan a actuar. Que sirvan para recordarnos que sí, todavía hay mucho por hacer y que somos muchos los que podemos contribuir.
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