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Color Pantone 2026: Pintando polémicas… ¿de blanco?

Entre las críticas en redes y espacios de opinión se repiten ideas que acusan al blanco de simbolizar imposición, privilegio, hegemonía o una falsa neutralidad que ignora la realidad global. Otros señalan que las elecciones de Pantone se han “blanqueado” año tras año, perdiendo riesgo y sensibilidad.

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COLOR PANTONE
Quizá la verdadera pregunta no es si el blanco es problemático, sino qué dice de nosotros que un color desate esta discusión que fuera de reivindicar, se expone a sí misma como parte del problema.
Fecha actualización:
09/12/2025 - 10:36
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Por Aura Razzeto, consultora y estratega visual

Como cada diciembre, el Pantone Color Institute revela su Color del Año, una elección influenciada por tendencias visuales y publicitarias. En 2025 fue Mocha Mousse, un marrón cálido asociado al confort; en 2024, un durazno pastel que prometía serenidad.

Este año, sin embargo, la presentación del Color del 2026 —el blanco nube Cloud Dancer— generó una reacción inusualmente intensa. Usuarios de diferentes espacios de opinión en redes sociales, incluso clientes de la marca, quemaron pantoneras o anunciaron que dejarían de trabajar con sus sistemas de color.
Leatrice Eisman, directora ejecutiva del instituto, describe el tono como una influencia calmante para una sociedad frenética, un llamado a la “reflexión silenciosa”. 

Pero entre las críticas en redes y espacios de opinión se repiten ideas que acusan al blanco de simbolizar imposición, privilegio, hegemonía o una falsa neutralidad que ignora la realidad global. Otros señalan que las elecciones de Pantone se han “blanqueado” año tras año, perdiendo riesgo y sensibilidad.

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PANTONE

Mi pregunta en medio de esta ola de lecturas es sencilla: ¿puede un color ser racista, o estamos hablando de asociaciones culturales? Pensemos en el negro. Históricamente ha sido un color de autoridad institucional: togas judiciales y académicas, uniformes formales, vestimenta ceremonial. 

En la moda, el negro es estatus: el little black dress de Chanel, los trajes de Yohji Yamamoto o la estética austera de Rick Owens. Allí el negro no es leído como negativo, sino como sofisticación y poder.
Hoy el blanco tampoco es un color elitista. Está en uniformes escolares, zapatillas, textiles accesibles, bolsas plásticas y ropa urbana. Su accesibilidad contradice la idea de que su uso contemporáneo expresa privilegio material. La reacción parece apuntar menos al pigmento y más a las tensiones actuales sobre representación e inclusión: el blanco opera aquí como detonante simbólico en un clima donde la neutralidad misma está en debate.

Un caso cercano es el álbum LUX de Rosalía. Su estética blanca, clásica y luminosa no generó rechazo, sino elogios. Es decir: la reacción no depende solo del color, sino del contexto donde aparece y de quién lo porta.

En un mundo saturado de conflicto y sobrecarga emocional, proyectar frustraciones políticas sobre una empresa de lujo puede terminar reforzando aquello que se critica. El Color del Año tiene un impacto cultural limitado; convertirlo en el eje de una discusión moral revela más sobre nuestras ansiedades colectivas que sobre la intención real de Pantone.

Esto no es nuevo. En momentos de crisis, el arte ha creado refugios simbólicos. El movimiento De Stijl, liderado por Mondrian tras la Primera Guerra Mundial, propuso un universo ordenado, geométrico y limpio. No porque la realidad lo fuera, sino precisamente porque no lo era. Ese impulso hacia lo armónico suele surgir en tiempos convulsionados.

TENDENCIA PANTONE

Respecto a la supuesta tendencia de Pantone hacia el blanco, un repaso de las últimas dos décadas muestra variación constante: magentas, azules, lilas, naranjas, verdes, corales, marrones. Son elecciones que responden a sensibilidades aspiracionales, a climas afectivos y a tendencias visuales globales, no a lineamientos sociales o políticos explícitos.

En lo simbólico, el blanco nunca existe en el vacío. Sus lecturas cambian según el clima cultural: puede significar pureza, inicio, limpieza, vacío, luz, frialdad, silencio o incluso duelo, como en rituales orientales. Un color no es inocente, pero tampoco determinista. El debate alrededor de Cloud Dancer parece hablar menos del blanco y más de nosotros: de nuestras ansiedades hiperconectadas, de cómo cargamos símbolos simples con expectativas desbordadas, y de la dificultad para ubicar discusiones urgentes en espacios que realmente importan.

Quizá la verdadera pregunta no es si el blanco es problemático, sino qué dice de nosotros que un color desate esta discusión que fuera de reivindicar, se expone a sí misma como parte del problema.
 

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