Sin embargo, estos medicamentos son extremadamente costosos, tanto que, de no haber contado con un programa de protección oncológica, no habría podido cubrirlos. Así, mi seguro, junto con todos nuestros ahorros y la generosidad de familiares, amigos e incluso desconocidos, hizo posible que pudiéramos afrontar los gastos derivados del tratamiento. Sin embargo, siempre me ha asaltado la pregunta: ¿por qué pude salvarme yo y tantas otras personas no?