Para juzgar y sancionar existe un corpus jurídico, probablemente algo vetusto, oliendo a naftalina, que desespera a los más apasionados. Un sector quisiera la guillotina ya, ya, sin dilaciones. Pero para obtener un resultado positivo y sólido hay que guardar las formas; si no, caeremos en la carnicería. A quien aparezca en un audio le cae la moledora de carne.