Ha sido publicado el reglamento de la Ley de Modernización del Sistema Previsional Peruano, marcando un hito trascendental en la historia de la seguridad social en nuestro país. Se trata de una reforma largamente esperada que responde —entre otros aspectos— a la necesidad de garantizar a todos los ciudadanos un piso de protección ante la vejez, la invalidez y/o la muerte.
Uno de los elementos más destacados es la implementación de una pensión mínima garantizada. Si bien esta figura existe formalmente en el sistema nacional (Ley 23908: 1984) y el privado (Ley 26504: 1995), ahora se establece un estándar común, aplicable a todos los asegurados y afiliados: en tanto cumplan con el requisito de aportes, tendrán la tranquilidad de saber que accederán a una pensión básica, fortaleciendo la equidad y la cohesión social, ofreciendo previsibilidad y seguridad a millones de peruanos.
La pensión mínima trae múltiples beneficios. En primer lugar, actúa como un incentivo poderoso a la formalización y a la continuidad de los aportes: saber que al cumplir 20 años de contribuciones se asegura una pensión básica genera un compromiso mayor de los trabajadores por mantenerse dentro del sistema; en segundo lugar, otorga tranquilidad a las familias, que verán protegida la dignidad de sus adultos mayores.
La reforma reconoce la realidad de la informalidad y las trayectorias laborales intermitentes, pues prevé la pensión proporcional especial, que permite a quienes no logren cumplir con los requisitos plenos acceder igualmente a una pensión reducida, en función de los aportes efectivamente realizados. Este mecanismo de justicia previsional valora el esfuerzo de cada trabajador.
Contra lo que muchos creen, la pensión mínima es para aquellos trabajadores que con su esfuerzo de ahorro acumulado no alcancen una pensión de S/600 o una pensión proporcional. No es que todos vayan a recibir S/600 mensuales cuando se jubilen. Los que ahorren más, tendrán mejores pensiones. Por eso, es muy importante que ya no se aprueben más retiros de fondos privados en el Congreso de la República.
Otro gran acierto de la reforma es el aporte por consumo, innovación que abre las puertas de la protección a millones de peruanos. Cada compra registrada se convierte en un pequeño aporte al futuro, transformando la vida cotidiana en una fuente de ahorro previsional, rompiendo la barrera entre formalidad e informalidad, extendiendo, así, la cobertura del sistema a sectores históricamente marginados.
La afiliación obligatoria desde los 18 años, igualmente, asegura que los jóvenes empiecen a construir su futuro previsional desde el inicio de una potencial vida laboral. Esta medida fomenta una cultura previsional temprana que tendrá efectos positivos en la sostenibilidad del sistema y en la protección de las próximas generaciones.
En conclusión, la modernización del sistema previsional es una oportunidad única para garantizar justicia social, equidad y sostenibilidad. Su implementación progresiva va a permitir mejorar la confianza ciudadana, ampliar la cobertura y fortalecer la dignidad de todos los peruanos.
*Profesor de Seguridad Social: USMP, PUCP, UNMSM. Socio del Estudio Rodríguez Angobaldo.