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HISTORIAS MÍNIMAS

Autos de lujo, chalecos rotos

"Son esos verdaderos efectivos los que se baten a tiros contra los criminales y sufren el abandono de su institución. Sin incentivos, con chalecos rotos y vencidos; entonces, no es difícil responder por qué la delincuencia gana terreno".

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autos de lujo chalecos rotos alvina ruiz
Columna por Alvina Ruiz (Foto: Mininter)
Fecha actualización:
18/08/2025 - 07:00
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Dos policías asesinados en menos de diez días. Sus familiares revelan una dura realidad: que ellos mismos compraban sus chalecos antibalas para protegerse debido a que su institución no les brindaba ninguno. En otra realidad paralela y absurda: los generales pasean en autos de lujo mientras los efectivos, que luchan contra el crimen organizado, ponen el pecho al descubierto. Mientras tanto, en lo que va de este año, al menos 237 policías asesinados. El promedio: 1 policía muerto por cada día.  

El desabastecimiento de chalecos y armamento no es novedad en la policía. Los altos mandos saben que sus subordinados salen a las calles desprotegidos; también conocen de ese abandono y precariedad los ministros que pasaron por esa cartera. El más reciente, Juan José Santiváñez, fue expulsado por el Congreso llevándose consigo sus promesas de mejora. Siempre hay promesas. Unas caen en saco roto por demoras o irregularidades en las adquisiciones, y la mayoría de veces son solo eso: promesas para salir del paso cuando asoman las críticas.

Sin embargo, el Gobierno no tiene reparos en avalar sin chistar los privilegios para los generales. Desde el Ministerio del Interior desembolsaron 17 millones de soles para la compra de vehículos de alta gama. Los generales pasean sobre ruedas de 200,000 soles cada uno y son protegidos por subalternos que tienen que comprarse sus propios chalecos. Pero los generales defienden su capricho asegurando que la pomposidad cuesta una bicoca.

De acuerdo con cifras del Organismo Supervisor de Contrataciones del Estado (Seace), con los 17 millones de soles que se destinaron para vehículos de lujo podrían comprarse chalecos antibalas para alrededor de nueve mil efectivos. Esos chalecos no otorgan opulencia ni exhibicionismo; son la diferencia entre la vida y la muerte.

La frivolidad es una de las varias enfermedades de este gobierno. Los generales también han sucumbido a lo superficial en un contexto que muestra una realidad que también golpea sus cimientos. Catorce policías en actividad han sido detenidos, acusados de integrar una organización criminal. Según la investigación fiscal, estos malos agentes sembraban droga y armas a civiles para luego extorsionarlos, exigiéndoles dinero a cambio de su libertad. Entre los implicados hay un coronel que era jefe del grupo Terna y hasta tenía un segmento en un canal de televisión en donde anunciaba las capturas y supuestos logros de la policía. Una barbaridad que los generales no ven, quizá porque sus cómodos vehículos tienen las lunas polarizadas.  

La radiografía de la policía es cruel: generales indolentes, delincuentes con placa y uniforme. Y para los ciudadanos, déficit de personal: un agente por cada 400 habitantes. Son esos verdaderos efectivos los que se baten a tiros contra los criminales y sufren el abandono de su institución. Sin incentivos, con chalecos rotos y vencidos; entonces, no es difícil responder por qué la delincuencia gana terreno. La delincuencia está mejor armada y, como se ha descubierto, está integrada por algunos policías. 

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