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Aprender a despedirse

“Esa es quizá la lección más dura y más valiosa del deporte: entender que la grandeza no está solo en los títulos o en los aplausos, sino en la forma de transitar las despedidas”.

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Aprender a despedirse Romina Antoniazzi
Fecha actualización:
07/09/2025 - 11:52
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“Lo más importante es intentar inspirar a las personas para que sean grandes en lo que quieran hacer”. La frase es de Kobe Bryant, un atleta que entendió que el deporte, además de gloria, es un ciclo de aprendizajes y despedidas.

Rodri, un futbolista que pasó por todas las categorías del fútbol formativo de un club importante, sabe lo que significa. Desde niño, cada ascenso fue un motivo doble: orgullo y dolor. Orgullo porque estaba más cerca de su sueño de debutar en primera. Dolor porque implicaba dejar atrás a entrenadores, compañeros y, en ocasiones, a sus mejores amigos. La vida del fútbol formativo tiene esa crueldad callada: crecer también significa separarse.

El día de su debut profesional fue inolvidable. Recordó cada sacrificio, cada entrenamiento y cada cambio de categoría como eslabones de una cadena que lo llevaba hasta ese instante. Se sintió maduro, se sintió importante. En el fútbol, como en la vida, hay que acostumbrarse a asumir retos, construir vínculos y, al mismo tiempo, aprender a desprenderse de ellos.

Ahora, ya veterano, Rodri observa de cerca otra frontera: el retiro. Y piensa en lo difícil que será dejar atrás las rutinas, los cuidados, la disciplina e incluso a las personas que marcaron su historia. Cada etapa se despide con un duelo íntimo. La diferencia es que este último adiós suele doler más porque no hay un siguiente escalón.

En estos días, mientras la Selección Peruana cierra su participación en las eliminatorias con resultados devastadores y el ánimo de un país por el suelo, las críticas arrecian contra referentes de más edad, como Paolo Guerrero o Yoshimar Yotún. La reflexión de Rodri cobra entonces un peso mayor. La prensa y los hinchas suelen olvidar que detrás de cada futbolista hay un ser humano que siente y sufre. Que cada comentario sobre “estar viejos” o “ya no rendir” atraviesa la piel de alguien que dedicó toda su vida a entrenar y competir con disciplina. Que el verdadero problema de esa Selección es mucho más profundo que la edad de sus futbolistas.

Rodri, sin embargo, no se amarga. Como lo hizo en su adolescencia, intenta asumir cada etapa con bondad. Sabe que el fútbol le enseñó a aceptar, a despedirse, a seguir adelante. Esa es quizá la lección más dura y más valiosa del deporte: entender que la grandeza no está solo en los títulos o en los aplausos, sino en la forma de transitar las despedidas.

Porque crecer en el fútbol —y en la vida— es también aprender a soltar.

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