El Perú lo esperaba, y se logró. No pudimos con el fútbol, pero en la comida nadie nos gana.
El humilde y glorioso pan con chicharrón —ese sánguche que sabe a domingo familiar, a lonchecito y a tradición en la mesa— acaba de imponerse en un duelo que movilizó al país como pocas causas: derrotó a la arepa venezolana en el Mundial de los Desayunos, un reto viral que nos tuvo en vilo, como si perder fuera el fin del mundo.
En medio de un país que reclama seguridad, harto de los derramamientos de sangre y con una presidenta que supera el 90% de desaprobación, fue este pan el que consiguió unir a los peruanos.
La comida peruana une. El gran ‘Micha’ me lo dijo a pocas horas de que Maido fuera elegido el mejor restaurante del mundo:
“Si en algo estamos de acuerdo los peruanos es en que amamos nuestra cocina. Y la cocina puede lograr cosas mágicas. Puede hacer que lo imposible se vuelva posible”.
Lo mismo me recordó Pía León, la única mujer en el top 10 de The World’s 50 Best Restaurants 2025:
“La gastronomía es una de las pocas cosas que verdaderamente nos une como país. Vivimos tiempos complejos, llenos de incertidumbre. La cocina no puede resolverlo todo, pero puede generar pequeños cambios. En momentos difíciles, la cocina puede ser alegría, puede ser abrazo, puede ser esperanza”.
Y pasó. Ganamos. Ibai Llanos convirtió su torneo viral en negocio, y lo hizo bien. El Perú, al vencer a todos los desayunos imaginables, disparó el consumo de pan con chicharrón.
A los 30 años, Ibai (Bilbao) es mucho más que un streamer: es una marca global. Narrador de eSports, creador de contenido y empresario digital, es considerado el comunicador más influyente en lengua hispana.
Su carrera comenzó relatando partidas de League of Legends en la Liga de Videojuegos Profesional (LVP), donde su estilo fresco, humorístico y cercano lo catapultó a la fama. En 2020 pasó a G2 Esports y, poco después, decidió independizarse para fundar junto a Gerard Piqué el club de eSports KOI, consolidándose como uno de los rostros más innovadores de la industria digital.
Con millones de seguidores en Twitch, Youtube, Instagram y TikTok, Ibai ha expandido su influencia más allá del gaming. Y lo que hemos vivido con su mundial de algo tan cotidiano como es el desayuno así lo confirma.
El viral que se vivió en el barrio
Las chicharronerías más emblemáticas del país —ya saben cuáles: esas que te hacen poner los ojos chinitos de felicidad— y también las más modestas en cada barrio se vieron abrumadas de pedidos a lo largo del Mundial de los Desayunos.
El sábado se debe haber comprado más panes con chicharrón que en cualquier día de la semana de cualquier mes de cualquier año. Y hoy domingo la locura se multiplicará. Despierten temprano y vayan a la chicharronería de su preferencia.
En una de mis calles recurrentes, en Chorrillos, hay una chicharronería pequeñita que no hace publicidad ni alarde, pero que todos los vecinos conocemos bien. Modesta y cálida, Belú —que ha cambiado de nombre alguna vez— siempre está llena.
Desde mi adolescencia recuerdo haber hecho cola allí, pero en estos días la efervescencia fue mayúscula.
Ayer me di una vuelta no solo para comerme el sánguche más viral de estos tiempos recientes, sino también para tomarle el pulso a lo que Ian Llanos había provocado en nuestros espacios más queridos.
Los meseros corrían de un lado a otro, bandeja en mano, tratando de organizar pedidos que se repetían como un mantra: pan con chicharrón especial, con grasita. Y allí, entre humo, risas y colas interminables, uno entendía lo que decía ‘Micha’: la cocina, a veces, puede ser la esperanza que nos levanta en medio de la incertidumbre.
La buena arepa reina pepiada nos hizo el camino difícil. Aunque me dicen que hasta los venezolanos tenían claro que esta batalla no la ganarían. No en vano alguien, en Barranco, se inventó la arepa rellena con chicharrón.
Una amiga venezolana —que come peruano por elección— me lo anticipó con una sonrisa cómplice:
“Al pan con chicharrón no lo supera nada”.
Y no se equivocó: ganó el sabor que nos une.
No necesitábamos de Ian Llanos para reconocer al pan con chicharrón. Pero el empujón que le ha dado a nuestro sánguche, a nivel global, ya logró que el turista a partir de ahora no solo pida un cebiche y un pisco sour. Ahora pedirá su sanguchón, su tamal y su café pasado.
El foráneo probará y se enamorará.
En plena expectativa de un sábado helado, el embajador de la Unión Europea en Perú, Jonathan Hatwell, sorprendió con un gesto que conmovió a muchos. “¿El mejor desayuno? Para mí está claro”, dijo levantando un pan con chicharrón, y remató con un “¡vamos Perú!”, que se sintió como un gol en tiempo extra.
En el reino de Instagram, TikTok y Youtube hoy brilla el pan con chicharrón.
El mundo entero ya sabe lo que los peruanos ya sabíamos: que en un bocado de pan, camote y chicharrón late la historia de un país.
El secreto no solo está en la carne, en el corte perfecto de panceta y brazuelo, o en la técnica que permite que se fría en su propia grasa hasta quedar crujiente. El secreto es también la memoria: la receta que pasa de abuelos a nietos, la espera frente a la olla humeante, el sonido del pan recién abierto para recibir el chicharrón dorado.
Una preparación sencilla trasciende hoy las fronteras.
El triunfo en este mundial de los tiempos de TikTok es, en realidad, un homenaje a todas las manos que han freído chicharrón de madrugada; a las madres y padres que envuelven el sánguche en papel manteca; a los vendedores que con un “caserita” despiertan sonrisas en mercados y esquinas.