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37 peruanos pueden ser Presidente

“A solo cuatro meses de la elección, ninguna precandidatura alcanza al 20% de intención de voto”.

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ONPE Votación
Columna de Milagros Campos.
Fecha actualización:
10/12/2025 - 07:00
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¿Por qué tendremos 37 candidatos a la Presidencia? Aunque la inscripción será en vísperas de Navidad, las elecciones internas de este fin de semana han revelado quienes están en la línea de partida. A solo cuatro meses de la elección, ninguna precandidatura alcanza al 20% de intención de voto. Las razones que explican el alto número de candidaturas son diversas, pero coincidiremos en que describen una de las características de nuestra democracia: la fragmentación política. Existe una crisis de representación que dificulta que los partidos agreguen intereses comunes, propongan un diagnóstico, políticas públicas y cuadros con expertos para implementarlos. Si bien algunos partidos vienen haciendo esfuerzos serios en esa dirección, las encuestas publicadas hasta ahora muestran que no han logrado convencer.

En las elecciones de 2021, se presentaron 18 candidaturas presidenciales, el doble de las registradas en 2016. En 2006 hubo 20 y la mitad en 2011. La fragmentación es un problema presente en muchas democracias, pero en distinto grado. En el último año, hemos visto elecciones presidenciales en varios países de la región sin que el número de candidatos se acerque a una veintena. El problema no es solo la cantidad de candidaturas, sino la incertidumbre sobre el resultado. En los comicios pasados ocurrió un hecho inédito desde que se instauró el balotaje en las elecciones presidenciales: los votos de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta, sumados, no llegaron al 27% de los votos emitidos. ¿Puede repetirse un escenario similar?

El problema parece ir más allá de los partidos y de las elecciones. Hay evidencia que muestra lo que Manuel Alcántara ha denominado democracias fatigadas. Diversas instituciones que miden indicadores democráticos dan cuenta de tal síntoma en el Perú.  Como señala Przeworski cuando la ciudadanía participa en elecciones y descubre que su vida sigue igual, es natural que sienta desconfianza e insatisfacción con el sistema o con el “establishment”. Pero la democracia no es solo un procedimiento para el autogobierno —basado en elecciones y regla de la mayoría para tomar las decisiones— supone límites para que los acuerdos se ajusten a la Constitución y al respeto de los derechos fundamentales. Esta precisión resulta pertinente si recordamos que un día como hoy, hace 67 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en París la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Puede ser excesivo reclamarle a la democracia una gestión eficiente en un contexto de tanta urgencia y sin consensos básicos sobre las prioridades. Sin embargo, urge poner el foco en una democracia efectiva o en el “delivery” que sostenga o recupere su legitimidad.

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