Puede que los congresistas promotores de estas iniciativas ni conozcan la Constitución, ni sepan lo que significa la división de poderes, ni entiendan cuáles son sus funciones legislativas, pero ese no es el tema de fondo. El asunto es que no les importa. Les interesa vender humo: dar la falsa sensación de que están promoviendo “algún” cambio para luego culpar a otros. En el fondo, lo que hacen es engañar a sus electores y usar recursos públicos para ganar notoriedad. Mientras tanto generan inestabilidad y fastidio. Por eso, cuando alguien pregunte quién es el peor enemigo de un peruano, la respuesta correcta será “este Congreso”.