La monarquía británica vuelve a estremecerse. Este jueves, el Palacio de Buckingham anunció que el rey Carlos III ha iniciado un proceso formal para retirar todos los títulos, honores y distinciones reales a su hermano, Andrés, en medio de la controversia que arrastra desde hace años por su pasado vínculo con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein.
Indignación y pedido de justicia en La Esperanza. Un presunto curandero, con antecedentes por abuso, es acusado de ultrajar a menor durante "limpia espiritual".
La decisión marca un punto de quiebre en la relación del monarca con el tercer hijo de la fallecida reina Isabel II y busca, según la nota oficial, reafirmar el compromiso de la Casa Real con la transparencia y el rechazo a cualquier forma de abuso.
“Su Majestad ha iniciado hoy un proceso formal para retirar el título, los honores y las distinciones del príncipe Andrés”, indica el comunicado difundido por el Palacio. El anuncio supone la eliminación definitiva del tratamiento de “príncipe” y de cualquier rango ceremonial dentro de la estructura de la realeza.
A partir de ahora, la identidad oficial de Andrés quedará reducida a “Andrés Mountbatten Windsor”, nomenclatura que por primera vez en la historia omite cualquier referencia a su estatus real. Esta decisión implica también la pérdida de su papel en representaciones ceremoniales y funciones públicas, de las que ya se encontraba apartado, pero ahora de forma irreversible.
Además del retiro de títulos, el Palacio informó que Andrés deberá dejar Royal Lodge, la mansión ubicada cerca del Castillo de Windsor, donde ha residido durante años bajo un contrato de alquiler que, según la Casa Real, le garantizaba cierto nivel de protección legal.
“Se le ha notificado formalmente que debe renunciar al contrato de alquiler y se trasladará a otro alojamiento privado”, precisa el comunicado.
La sanción llega pese a que Andrés continúa negando las acusaciones que lo relacionan con la red de explotación sexual de Epstein. Cabe recordar que en 2022, el príncipe llegó a un acuerdo extrajudicial millonario con Virginia Giuffre, una de las víctimas del financista, evitando así un juicio público por presunto abuso sexual.
Para muchos observadores de la familia real, la decisión de Carlos III responde tanto a un intento de protección de la imagen de la monarquía como a la presión de sectores políticos y sociales que han exigido que el caso no quede impune en términos institucionales.
El comunicado concluye con un mensaje enfático que marca la posición oficial de la corona en este caso:
“Sus Majestades el rey Carlos III y la reina Camila desean dejar claro que sus pensamientos y su más sincera solidaridad han estado y seguirán estando con las víctimas y los supervivientes de cualquier forma de abuso”.
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