La tensión social en Bolivia volvió a escalar este lunes luego de que una multitudinaria marcha en La Paz terminara en violentos enfrentamientos entre manifestantes y efectivos policiales, en una jornada marcada por gases lacrimógenos, pedradas y detonaciones de petardos en el centro político del país.
El mandatario de 80 años seguirá con sus actividades oficiales mientras cumple con 15 sesiones médicas en São Paulo, según informó el Hospital Sirio-Libanés.
La movilización se produjo pese a que el presidente Rodrigo Paz anunció que reducirá a la mitad su salario como una medida para intentar calmar el descontento social, en medio de una ola de protestas que ya ingresó a su cuarta semana y que exige su salida del poder.
El mandatario centroderechista, que asumió el cargo hace apenas seis meses, enfrenta una de las mayores crisis políticas y sociales recientes en Bolivia, mientras diversos sectores responsabilizan a su gobierno por el deterioro económico, el aumento de la tensión social y decisiones que han provocado indignación en la población.
Los manifestantes rechazan la política económica impulsada por Paz, exigen incrementos salariales y lo responsabilizan por la distribución de gasolina de mala calidad, que según denuncian afectó a miles de vehículos en distintas regiones del país.
“Estamos enojados, porque nos ha mentido”, declaró Félix Mamani, un minero de 47 años que aseguró que su sector apoyó electoralmente al actual mandatario, pero que ahora se siente traicionado por la gestión.
La jornada comenzó con una masiva movilización integrada por mineros, campesinos, choferes, obreros de fábrica y otros trabajadores, quienes descendieron desde la ciudad de El Alto hacia La Paz para sumarse a la protesta en la sede del gobierno.
Durante la marcha, las calles se llenaron de consignas y gritos de rechazo al Ejecutivo. Algunos manifestantes expresaron su indignación con frases que reflejaban el profundo malestar social que atraviesa el país.
Al llegar al centro de La Paz, grupos de huelguistas intentaron ingresar a la plaza de armas, donde se ubican las oficinas presidenciales. Sin embargo, las vías estaban bloqueadas por cientos de policías antimotines que respondieron con gases lacrimógenos para impedir el avance.
La respuesta de los manifestantes no tardó. En medio del caos, algunos enfrentaron a la policía con piedras, palos, petardos e incluso cilindros recortados de dinamita, generando escenas de alta tensión en pleno corazón político de Bolivia.
Según reportes de la jornada, al menos una decena de personas fueron detenidas en medio de los disturbios, mientras vendedores ambulantes ofrecían cubrebocas y vinagre a quienes intentaban protegerse de los efectos de los gases lacrimógenos.
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