La capital de Albania, Tirana, se convirtió en un escenario de guerra tras una violenta jornada de movilizaciones que dejó edificios gubernamentales atacados, múltiples detenidos y agentes heridos.
La oposición lideró esta protesta nacional exigiendo la renuncia del primer ministro, Edi Rama, en medio de graves acusaciones de corrupción que salpican a las más altas esferas del poder.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, indicó que había hablado con Trump y reconoció que Estados Unidos creía que un acuerdo era posible.
Lo que comenzó como una movilización ciudadana escaló rápidamente a enfrentamientos directos. Grupos de manifestantes arrojaron bombas molotov, fuegos artificiales y piedras contra infraestructuras clave, incluyendo las oficinas del primer ministro y otros edificios del Estado.
La tensión se desbordó en varios puntos de Tirana, donde se registraron incendios en áreas aledañas a los recintos resguardados, obligando a una respuesta contundente de las fuerzas del orden.
Para intentar retomar el control, la Policía Nacional de Albania desplegó cañones de agua y gases lacrimógenos. El balance provisional de los disturbios incluye 12 agentes de policía heridos, múltiples detenciones y daños materiales severos en fachadas de instituciones públicas.
El origen del conflicto
El descontento social se ha intensificado debido a denuncias de irregularidades en licitaciones públicas que involucran directamente a la viceprimera ministra, Belinda Balluku. Estas acusaciones han servido como catalizador para que la oposición unifique sus reclamos, exigiendo una renovación total del gabinete ministerial.
A pesar de que la policía ha logrado el control parcial de las calles, Tirana permanece bajo un estricto resguardo policial.
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