La historia de Wendy Duffy, una mujer británica de 56 años, ha sacudido al Reino Unido y vuelto a encender la discusión sobre la eutanasia y la muerte asistida.
Tras perder a su único hijo en un trágico accidente doméstico, asegura que nunca logró recuperarse emocionalmente y que el sufrimiento marcó cada etapa de su vida desde entonces.
Operativo en Coronel Portillo permitió salvar a tres animales silvestres que iban encerrados en una caja de madera. Tres personas fueron detenidas.
Sin padecer una enfermedad terminal, Duffy decidió viajar a Suiza para acceder legalmente a un procedimiento de muerte asistida en una clínica especializada. Según relató a medios locales, dejó cartas para sus seres queridos, eligió la ropa que usará ese día y hasta la música que desea escuchar en sus últimos momentos.
El dolor comenzó años atrás con la muerte de Marcus, su hijo de 23 años. De acuerdo con la información difundida, el joven falleció tras atragantarse mientras cenaba en casa. Wendy intentó auxiliarlo, pero no logró salvarle la vida. Desde entonces, confesó haber perdido toda alegría por vivir.
Su historia ha generado una fuerte conmoción pública porque coincide con el debate legislativo en Reino Unido sobre una ley de muerte asistida. El proyecto en discusión permitiría el acceso únicamente a pacientes terminales bajo estrictos controles médicos, por lo que un caso como el suyo no estaría contemplado.
Mientras algunos sectores defienden la autonomía personal frente al sufrimiento extremo, otros advierten que situaciones vinculadas al duelo y la salud mental requieren mayor acompañamiento y tratamiento especializado.
Más allá del debate legal, el caso de Wendy Duffy ha puesto rostro humano a una pregunta difícil: hasta dónde llega el derecho a decidir cuando el dolor emocional parece no tener final.