James Harrison, conocido como "El Hombre del Brazo de Oro", ha fallecido pacíficamente a los 88 años de edad mientras dormía, según informó la Cruz Roja de Australia el último fin de semana. Se trata de un hombre que ha salvado más de 2 millones de vida gracias a donar su sangre.
Y es que el australiano no solo era único por su altruismo y su deseo por ayudar a otras personas, sino por un raro anticuerpo que recorría sus venas que era especial y muy importante para otras personas.
El secretario de Comercio mencionó que compañías como TSMC, el fabricante taiwanés de chips, ya están invirtiendo
Conocido como Anti-D, este componente en su sangre es crucial para la fabricación del medicamento que previene la enfermedad hemolítica del feto y del recién nacido.
Esta condición, también conocida como enfermedad Rh, se desarrolla cuando una madre con sangre Rh negativa gesta un bebé con sangre Rh positiva, provocando que el sistema inmunológico materno ataque las células sanguíneas del feto.
Sin embargo, la condición particular de Harrison no hubiera beneficiado a tantas personas sin su disposición a donar sangre y esto nació desde una tragedia.
A los 14 años, fue sometido a una cirugía pulmonar que requirió múltiples transfusiones sanguíneas para salvarle la vida. Esta vivencia lo marcó profundamente y, alentado por su padre (también donante), comenzó a donar sangre en 1954, a los 18 años. Lo que nadie sabía entonces es que su plasma contenía el preciado anticuerpo Anti-D.
Así pues, durante más de 60 años, Harrison y su compromiso inquebrantable con la donación permitió que, según se estima, ayude a que más de dos millones de bebés nacieran sin la enfermedad de Rhesus.
Stephen Cornelissen, director ejecutivo de Lifeblood, rindió homenaje a Harrison destacando su extraordinaria generosidad: "James era una persona notable, estoicamente amable y generosa que se comprometió a una vida de entrega y capturó el corazón de muchas personas en todo el mundo".
Según Cornelissen, Harrison continuó donando incluso en sus momentos más oscuros, tras el fallecimiento de su esposa Barbara, quien también fue donante de sangre.
Harrison recibió numerosos reconocimientos por su altruismo, incluida la prestigiosa Medalla de la Orden de Australia.
Sin embargo, según sus cercanos, él siempre insistió en que sus donaciones no eran más importantes que las de cualquier otro donante, y que todos pueden marcar la diferencia.
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