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Infantino y el offside de la FIFA

La suspensión de la tarjeta roja a Balogun, previa intervención de Trump, abrió una de las mayores crisis de credibilidad que ha enfrentado la FIFA en los últimos años.

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Gianni Infantino
Trump pidió a Infantino habilitar a Balogun en el Mundial que Estados Unidos organiza como anfitrión. (Foto: AFP)
Fecha actualización:
12/07/2026 - 07:00
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La historia de los mundiales registra muy pocos antecedentes de una tarjeta roja revocada. El único recordado ocurrió en Chile 1962, cuando el brasileño Garrincha fue expulsado en la semifinal ante el anfitrión. Tras una serie de gestiones de la Confederación Brasileña y de dirigentes de la FIFA, el castigo fue dejado sin efecto y el astro pudo disputar la final que Brasil le ganó a Checoslovaquia. Sesenta y cuatro años después, el caso de Folarin Balogun volvió a colocar a la FIFA bajo la lupa.

Todo comenzó con la expulsión del delantero estadounidense durante el encuentro frente a Bosnia y Herzegovina. El reglamento disciplinario de la FIFA establece que una tarjeta roja directa implica una suspensión automática de un partido. Balogun, en consecuencia, debía perderse el decisivo duelo de octavos de final frente a Bélgica.

Pero la historia dio un giro inesperado. Donald Trump cuestionó públicamente la decisión arbitral y reveló que había conversado con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir una revisión del caso. Posteriormente, antes del pronunciamiento de la FIFA, celebró que Balogun quedara habilitado para el siguiente partido.

“Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”, dijo. Más tarde explicó que pidió “una revisión porque no creía que hubiera sido una falta” y añadió que impedir jugar a uno de los mejores futbolistas del equipo estadounidense “habría sido una gran mancha para el Mundial”.

Horas después, la FIFA anunció que la sanción sería suspendida por un año, dejando habilitado a Balogun para enfrentar a Bélgica.

Ante el aluvión de críticas, Infantino confirmó que había recibido la llamada del presidente estadounidense, aunque defendió la independencia del organismo. “Durante nuestra conversación expliqué que existía un proceso legal en curso ante los órganos judiciales independientes de la FIFA y que el caso sería decidido por las instancias competentes”, sostuvo.

La explicación no convenció a Europa. La UEFA difundió un comunicado en el que indicó que la decisión “cruzó una línea roja”.

La Federación Belga manifestó estar “asombrada” por la medida de la FIFA y recordó que el reglamento del Mundial establece expresamente que un futbolista expulsado “será automáticamente suspendido para el siguiente partido de su selección”.

Sin embargo, el fútbol volvió a hacer de las suyas. Balogun estuvo disponible, pero Bélgica terminó imponiéndose y avanzó de ronda con un gol de Romelu Lukaku, quien celebró imitando el característico baile de Donald Trump.

La eliminación de Estados Unidos no resolverá la polémica. Lo que sí ha quedado demostrado es que el fútbol confirmó nuevamente por qué apasiona a millones: es impredecible. A veces gana el que menos se esperaba y otras pierde el favorito. Ni siquiera las presiones más intensas garantizan un resultado. Al final, fue el balón el que tuvo la última palabra.

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