Un hombre acusado en Estados Unidos de participar en un complot para asesinar a figuras políticas, entre ellas el presidente Donald Trump, aseguró durante su juicio que actuó bajo presión de autoridades iraníes que amenazaron a su familia.
El Departamento de Estado señaló que el primer vuelo chárter salió de la región el miércoles, pero no dio detalles, al alegar motivos operativos.
Asif Raza Merchant, ciudadano paquistaní de 47 años, enfrenta cargos en la justicia federal estadounidense desde septiembre de 2024 por intentar contratar a un sicario para matar a políticos del país.
Durante una audiencia realizada el miércoles, el acusado declaró que aceptó involucrarse en el plan debido a presiones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
Según su testimonio, funcionarios iraníes lo obligaron a colaborar para evitar represalias contra su familia, que residía en Teherán. Merchant aseguró ante el tribunal —a través de un intérprete de urdu— que temía por la seguridad de sus familiares y que pensó que las autoridades estadounidenses lo detendrían antes de que el plan llegara a concretarse.
El acusado afirmó que nunca recibió la orden directa de asesinar a una persona específica. Sin embargo, relató que su contacto en Irán mencionó como posibles objetivos a Donald Trump, al exmandatario Joe Biden y a la exembajadora ante la ONU Nikki Haley.
El proceso judicial ocurre en medio de una creciente tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán. De acuerdo con el Pentágono, durante recientes operaciones militares fue abatido el líder de una unidad iraní que, según Washington, había intentado organizar un atentado contra Trump.
¿VENGANZA?
Autoridades estadounidenses han señalado anteriormente que Irán habría buscado vengar la muerte del general Qasem Soleimani, fallecido en 2020 tras un ataque con drones ordenado por Trump durante su presidencia.
De acuerdo con reportes de The New York Times, Merchant declaró que comenzó a colaborar en 2022 con un miembro de la Guardia Revolucionaria que le preguntó si estaba dispuesto a realizar trabajos para el gobierno iraní. Entre las tareas planteadas figuraban organizar protestas, obtener documentos, lavar dinero y eventualmente coordinar un asesinato.
El acusado fue detenido después de intentar contratar a supuestos sicarios que, en realidad, eran agentes encubiertos del FBI.
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