A diferencia de las precedentes movilizaciones, no se trata de un hecho sangriento que actuara como elemento desencadenante, sino un desgaste operacional vinculado al movimiento de los “Chalecos amarillos”, que desde hace casi un año denuncia la política social y fiscal del gobierno, a lo que se une una ola de suicidios de miembros de la policía (52 desde enero), un mal endémico en esta institución.