Edwin Muñoz, de 52 años, es otro restaurador de santos. Desde hace 30 trabaja en un taller en Quito. Según él, su tío Víctor descubrió hace cuatro décadas, por casualidad, los "beneficios de la pintura de santos", cuando su mujer sufrió un corte en la cara. Él y sus colegas aprendieron el oficio en casa.