Durante la visita ad limina Apostolorum que los obispos peruanos realizan esta semana en el Vaticano, el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Mons. Carlos García, lanzó un mensaje contundente sobre la crisis moral y social que atraviesa el país: “Dios quiere que el corrupto cambie y se convierta”.
Desde una sala de monitoreo del Ministerio del Interior, el presidente interino José Jerí siguió en tiempo real el arribo a Lima de Erick Moreno Hernández. Las comparaciones con Trump fueron inevitables y veamos por qué.
Desde Roma, el también Obispo de Lurín describió un escenario en el que la corrupción ya no opera en silencio ni se limita a espacios marginales.
Por el contrario, advirtió que se trata de una práctica extendida, articulada y presente incluso en los niveles más altos del poder, con un impacto directo en la credibilidad de las instituciones.
LA DELINCUENCIA QUE GOLPEA A LOS PERUANOS
A este fenómeno se suma —señaló— el avance del sicariato y la violencia, que generan miedo e inseguridad en amplios sectores de la población.
Para el prelado, este contexto agrava la tarea evangelizadora en una sociedad que pretende relegar la fe al ámbito privado. “La Iglesia no puede callar frente a la injusticia”, sostuvo, subrayando que anunciar el Evangelio implica también incomodar y cuestionar.
García afirmó que existe una presión constante para que la religión no intervenga en la vida social ni en los comportamientos públicos. “Se pide que no se hable de mandamientos ni de conversión, pero ¿a qué queremos reducir la fe?”, planteó, insistiendo en que el mensaje cristiano interpela tanto a la conciencia individual como a la responsabilidad colectiva.
Durante los encuentros en los distintos dicasterios vaticanos, los obispos peruanos han puesto sobre la mesa otros problemas estructurales: un sistema de salud precario, deficiencias educativas, desnutrición, desempleo y altos niveles de informalidad laboral.
Según García, estos desafíos forman parte del diagnóstico integral que la Iglesia peruana ha llevado a Roma.
En ese contexto, destacó la cercanía del papa León XIV con la realidad peruana. Recordó que el pontífice conoce de primera mano las dificultades del país por su experiencia pastoral previa en el Perú, lo que —dijo— refuerza la importancia de una Iglesia que acompañe activamente a los más vulnerables.
La visita ad limina culminará mañana con una audiencia privada con el papa y la entronización de una imagen de Santa Rosa de Lima en los Jardines del Vaticano.
Para Mons. García, se trata de un gesto simbólico que resume el espíritu del encuentro: oración, discernimiento y compromiso con los pobres. “Si no ponemos a Cristo en el centro, todo se derrumba”, afirmó.
ENCUENTRO CON EL PAPA
Los obispos peruanos fueron recibidos este viernes por el papa. En la víspera, el pontífice los sorprendió durante el almuerzo.