América Latina está ingresando a una nueva etapa política. Tras varios años marcados por gobiernos de izquierda o centroizquierda en buena parte de la región, los más recientes resultados electorales apuntan a que la derecha está de vuelta.
La victoria de José Antonio Kast en Chile, el ascenso de Rodrigo Paz Pereira en Bolivia y el reciente triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia se suman a administraciones ya identificadas con la derecha, como las de Javier Milei en Argentina y Daniel Noboa en Ecuador. En Perú, además, ad portas de la proclamación de resultados oficiales, todo indica que Keiko Fujimori se hará con la victoria pues los resultados ya son irreversibles. Este escenario dibuja un mapa político distinto del que predominó en la región durante las primeras décadas del siglo XXI.
¿Qué explica este fenómeno? ¿Se trata de una reacción al desgaste de los gobiernos progresistas?
MOTIVOS PRINCIPALES
Para el internacionalista Juan Velit, el viraje responde a una combinación de factores políticos, económicos e históricos.
“Hay cerca de diez gobiernos que estaban anteriormente en la izquierda o centroizquierda y han hecho un viraje hacia la derecha. Esto responde a varios factores. Primero, la posición del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, que ha señalado abiertamente que apoyará a regímenes de derecha mediante cooperación económica e internacional”, sostuvo en conversación con Perú21.
Sin embargo, Francisco Belaunde Matossian consideró que el fenómeno debe entenderse también como parte de una dinámica recurrente en la región.
“Son péndulos. A lo largo del tiempo han existido olas de gobiernos de izquierda que luego fueron reemplazados por gobiernos de derecha. No es algo anormal. La diferencia es que ahora muchos de los gobiernos que llegan al poder son de una derecha más radical, mientras que antes predominaban opciones más moderadas”, explicó.
Velit añade que el desencanto ciudadano con los gobiernos progresistas ha sido determinante, ya que “ofrecieron más de lo que pudieron cumplir y muchas veces frustraron a sus poblaciones”.
Además, aprovecharon los ingresos extraordinarios generados por el boom de las exportaciones para financiar programas sociales exitosos, pero cuando esas condiciones económicas desaparecieron, esos proyectos se debilitaron y generaron frustración en la ciudadanía”, señaló.
En tanto, Belaunde identificó otro elemento clave: la creciente preocupación por la seguridad. Ello, dijo, “favorece a los partidos de derecha. Muchas veces la población está dispuesta a sacrificar ciertas libertades a cambio de mayor seguridad. El caso más paradigmático es El Salvador, pero también se observa en otros países de la región”.
A juicio de Velit, la corrupción también ha contribuido al desgaste de la izquierda latinoamericana.
“La corrupción existe tanto en gobiernos de derecha como de izquierda, pero en los últimos años ha impactado especialmente en varios regímenes de izquierda. Eso ha influido en la percepción ciudadana y en la búsqueda de alternativas”, añadió.
En este escenario, ¿cuál es el desafío de la derecha latinoamericana? Más allá de las victorias electorales, ambos especialistas coinciden en que el principal reto será responder a las expectativas ciudadanas que facilitaron su llegada al poder.
“El reto de los gobiernos de derecha es hacer una gestión limpia, sin corrupción y con capacidad administrativa. Si no logran resolver los problemas concretos de la población, el péndulo volverá a moverse”, advirtió Velit.
“Las alternancias son normales en democracia. La pregunta no es solo por qué la región gira hoy hacia la derecha, sino cuánto tiempo podrá mantenerse ese giro y si estos gobiernos serán capaces de responder a las demandas que los llevaron al poder”, complementó Belaunde.
Así, el nuevo mapa político latinoamericano parece reflejar una combinación de desgaste de la izquierda, preocupaciones económicas y de seguridad, y una dinámica histórica de alternancia ideológica. La gran incógnita es si esta nueva ola logrará consolidarse.