Si bien en verano la radiación UV preocupa a más personas, sobre todo por los efectos dañinos acumulativos o los de mediano plazo como fotoenvejecimiento, pérdida de elasticidad de la piel, arrugas y sequedad, muy pocos toman en cuenta los efectos de las fuentes artificiales de radiación ultravioleta (RUV), tales como focos incandescentes, focos ahorradores, lámparas halógenas, reflectores, etc. o, la luz que atraviesa las ventanas – cuando no tienen filtros UV. Todas estas pueden generar daño en la piel, por acción directa o reflejada en algunas superficies u objetos (pisos, vidrios, agua, vehículos, etc.).