A lo largo de la avenida, sobre sus remozadas fachadas cuelgan gigantografías en las que exigen justicia. En la casa de José Asto, representante de los damnificados, está la imagen de su esposa y su hijo. “Todos saben que ha pasado, para qué tanto alargar el proceso... Yo lo he perdido todo, a mi esposa y a mi hijo, y no me importa la vida. Si en un año no hay justicia, haré justicia con mis propias manos o lo que crea que es justicia para mí”.