La cochera, que resguardaba hasta diez buses interprovinciales, se convirtió en el epicentro de una batalla contra el tiempo y las llamas, con el temor latente de que el incendio se propagara y consumiera la totalidad de los vehículos allí presentes. Los bomberos lucharon incansablemente durante horas para contener la tragedia y evitar una catástrofe mayor.