Entre Pativilca y Cañete, en Lima, hay una gran silencio sísmico desde 1974. Las pérdidas económicas para la capital luego de un terremoto de 8.5 grados pueden llegar a S/31 mil millones, mientras que el número de víctimas puede variar por la hora en que se produzca. Otra ciudad en riesgo es Trujillo (La Libertad). Allí un tsunami con olas de hasta 10 metros barrería con todo por la erosión en la costa. Frente a Tumbes, Piura y Lambayeque también hay silencio sísmico. En la sierra, las urbes más vulnerables son las que se parecen a Huaraz, con tierra húmeda altisonada. Le he propuesto a este gobierno que para 2021, todo el país, a través de la educación en los colegios, tenga un conocimiento básico-científico para interpretar las señales de un terremoto a través de sus vibraciones, ruidos y duración. Las alarmas de tsunamis o evacuación pueden no activarse porque se corta la energía. También le he pedido al director de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios, Pablo de la Flor, incluir un mapa de peligro sísmico en los planos de la reconstrucción que se hace en el norte posfenómeno El Niño.