Y es que, efectivamente, esta frase nos llevó a un nefasto recuerdo, a aquel 31 de mayo de 1989, cuando el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) sacó de la discoteca Las Gardenias de Tarapoto a ocho jóvenes, entre homosexuales y travestis, y los ejecutó en plena calle.