Desde hace más de una semana, al culminar su jornada, es trasladada al Centro de Alto Rendimiento de Surf, en el sur. Se siente segura y cómoda, pues tenía mes y medio durmiendo en el sofá-cama de su casa –le dolía la espalda–, por miedo a contagiar a su familia, entre ellos sus padres que son mayores de 60 años y biólogos que también trabajan para el INS, pero ahora desde casa. No sabe cuándo volverá con ellos.