Según la universidad, lo particular de estos dos proyectos es que han sido elaborados con una “tinta especial”, fabricada a partir de diversos materiales orgánicos, cobre y zinc. “A ello se suma el uso de su pensamiento lateral, aquello que impulsa a los estudiantes de ingeniería a que cuestionen la ingeniería tradicional y el statu quo para crear proyectos disruptivos, multidisciplinarios, sin límites de imaginación y creatividad, propios de esta generación que rompe con los parámetros mentales y rutinas de pensamiento”, señala la casa de estudios.