POR: JUAN JOSÉ CALLE
Durante las últimas décadas, el Centro Histórico de Lima ha perdido el protagonismo que alguna vez tuvo como corazón político, administrativo, económico y cultural del país. El traslado progresivo de ministerios, entidades públicas e instituciones hacia otros distritos debilitó la actividad urbana y redujo el dinamismo de la ciudad fundacional.
Sin embargo, en los últimos años se han registrado avances importantes. Gracias al trabajo de Prolima, la Municipalidad Metropolitana de Lima, el Patronato de Lima y diversas instituciones públicas y privadas, se han restaurado monumentos, plazas, iglesias y casonas que hoy vuelven a mostrar el valor patrimonial de nuestra capital. Estos esfuerzos demuestran que recuperar el Centro Histórico es posible.
El siguiente paso debe ser más ambicioso: devolverle su condición de principal centro administrativo del Perú. La presencia permanente del Estado constituye el mejor incentivo para atraer inversión, fortalecer el comercio, dinamizar los servicios y recuperar la vida cotidiana del centro de la ciudad.
Para ello, el Gobierno debería impulsar un programa nacional que promueva el retorno gradual de ministerios y organismos públicos al Centro Histórico. El valor de los inmuebles que actualmente ocupan estas entidades en otros distritos podría utilizarse para financiar la adquisición, restauración y adecuación de edificios históricos.
Los beneficios serían múltiples: mayor actividad económica, impulso al turismo, crecimiento del comercio y la gastronomía, recuperación de viviendas, generación de empleo especializado y nuevas inversiones privadas compatibles con la conservación del patrimonio.
La experiencia internacional demuestra que los centros históricos recuperan plenamente su vitalidad cuando existe una visión de Estado respaldada por inversión pública y participación privada. Lima ya ha demostrado que puede rescatar su patrimonio; ahora corresponde devolverle la vida que hizo del Centro Histórico el verdadero corazón de la capital.