El sábado tuvo tres toros y concluyente hubiera sido su triunfo de haber tenido el sexto de la tarde, suficiente transmisión junto a su calidad y acometidas lentísimas. Pero le faltó agresividad que evocara el peligro que supone ponerse a milímetros. Sí se valoró, sinceramente, su perfección. La suavidad, el temple milimétrico, su solvencia total.