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VIDEORREPORTAJE: La violencia de la Minería ilegal de Pataz sacude los Andes peruanos

Un grupo de trabajadores mineros fueron secuestrados, golpeados y amarrados por una banda armada que vestía como policía en una remota zona entre Cerro de Pasco y Huánuco. Detrás del ataque hay una guerra por el oro que involucra minería ilegal, empresarios trujillanos, presuntos estafadores y la sombra de la criminalidad de Pataz en la cordillera peruana.

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Abridora 10
La violencia ahora tiñe de sangre los andes.
Fecha actualización:
02/02/2026 - 10:59
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¨Nosotros somos de Pataz, huevón¨. El grito le retumbó el tímpano a Victor, quien estaba tirado en el piso, con las muñecas en la espalda, amarradas por un cintillo de plástico que le cortaba la circulación.

El hombre que casi lo dejó sordo escupía mientras hablaba. Victor levantó ligeramente la nuca y solo logró ver sus ojos y su boca, porque su secuestrador estaba con un pasamontaña negro, con una metralleta que colgaba de su hombro y vestía uniforme de policia.

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Victor 1
Él es Victor, pidió guardar su identidad porque su vida tiene precio y su familia lo necesita. 

Victor, en el piso, solo pensaba en su familia. Fue por ellos que se metió a trabajar de minero, para conseguir dinero y pagar la universidad de su hija.

Era agricultor, pero la chacra ya no estaba dando plata. En la mina le pagan 80 soles al día, es bastante para él.

Por eso dejó el calor familiar y decidió subir a 4 mil 500 metros sobre el nivel del mar. Hasta la frontera entre Cerro de Pasco y Huánuco. Ahí donde el frío llega hasta los huesos, mientras despelleja los labios.

Victor tiene 50 años y trabaja desde agosto pasado en el precario campamento de la mina informal Raíces de Ñausacocha. Vive en la cordillera durante 20 días y luego regresa por 10 días a casa.

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Campamento
Así luce el campamento donde Victor y los demás trabajadores de Raíces de Ñausacocha viven y trabajan para explotar la mina informal. 

Golpeado y amarrado en el piso sólo pensaba en el maldito momento en que esta pesadilla empezó.

Fue en el 2024, cuando una imponente mujer trujillana apareció en las alturas de Cerro de Pasco.

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Victor
Aquí se aprecia a Victor desde otro ángulo, sonriente, como si nada hubiera pasado. Dentro suyo se reproduce, como un eco ensordecedor, todo lo que tuvo que vivir el día de su secuestro. 

LOS TRUJILLANOS

Su nombre es Katherine Fernandez Torres. Ella, en junio del 2024, llegó al campamento de la mina informal Raíces de Ñausacocha.

No apareció sola, llegó en camionetas polarizadas, junto a una docena de hombres encapuchados con ropa de camuflaje militar y armas de largo alcance entre sus manos.

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Khaterine 1
La mujer que mira directamente la cámara es Katherine Fernandez Torres. En esta foto tine que lidiar con los agentes policiales que llegaron a la zona. 

Iracunda, Katherine Fernández buscó al dueño de la mina, porque según ella, estaban sacando mineral en su concesión.

Una concesión minera es un permiso que el Estado otorga a una persona o empresa para explorar y explotar minerales en una zona específica.

Ese permiso se refiere únicamente a lo que está bajo tierra. No al terreno de la superficie, que puede pertenecer a otra persona o empresa.

En este caso, la mina y el terreno pertenecen a la misma persona: Luis Valle Esteban.

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Luis Valle
Él es Luis Valle, el dueño del terreno y de la mina informal.

Él y su familia son dueños de un terreno de 310 hectáreas que su padre compró en 1996.

No habitaron el terreno hasta el 2012 cuando, Luis Valle y su padre, emprendieron en la minería. Les fue mal y decidieron cerrar el negocio.

Años después, el padre de Valle murió y el hijo regresó a la mina en el 2021. Desde esa fecha trabaja en la zona, en dos socavones de donde saca cobre y, sobre todo, oro.

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Campamento

Él y unos familiares son dueños del terreno, pero la concesión es de una empresa llamada Horizonte Gold.

Esa fue la explicación que Luis Valle le dió a Katherine Fernández el día que ella lo buscó en su campamento.  

Pero Fernández no estuvo conforme, pidió a Valle que le otorgue regalías por extraer mineral en una concesión que ella afirma, le pertenece.

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Ilegal
Así operan en la mina informal de Luis Valle.

“No sabes con quién te estás metiendo”, le dijo Katherine Fernández a Luis Valle, mientras se iba molesta.  

Era verdad: Valle no sabía nada de ella. Así que decidió investigarla.

Encontró que Katherine Fernández nació en Trujillo en 1991. Según su ficha RENIEC vive en el barrio Víctor Larco Herrera.

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Katherine 2
Katherine resguardada con un chaleco antibalas.

Según sus antecedentes policiales, existen contra ella dos denuncias por estafa.

La primera en Arequipa donde un ciudadano la denuncia de hacerse pasar por una empresa y pedirle 15 mil soles. La segunda ocurrió en Lima. Esta vez fue una mujer quien afirmó que Katherine le exigió un depósito de más de 9 mil soles alegando una falsa multa.

SEÑORES, YO SOY DEL NORTE

Luis Valle, no volvió a ver a Katherine Fernandez por Cerro de Paco, pensó que tal vez, sólo fue un pequeño susto.

Lo único que le dió vueltas en su cabeza durante las siguientes semanas fue el nombre de la concesión minera que la trujillana repitió muchas veces: Pachitea XX.

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Campamento
Otro ángulo del campamento minero.

Según los documentos corroborados por este diario, Katherine Fernández, adquirió en agosto del 2023 el 35% de las acciones de la concesión minera ubiada en la frontera de Cerro de Pasco y Huánuco.

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Plano

Según Registros Públicos, no generó mayor actividad con la concesión hasta abril del 2025. Es decir, 10 meses después que conoció a Luis Valle.

En esa fecha, decidió buscar una empresa que se dedique a explotar la concesión. Hizo una alianza con una compañía trujillana llamada Inversiones Sisa & Asociados.

Los documentos formales dicen que esta compañía nació en agosto del 2019 como una empresa de fabricación y venta de zapatos de cuero.

Uno de sus fundadores tenía sólo 19 años. Su nombre es Anderson Siguenza Sánchez. La otra socia es su tía y se llama Jhosselyn Sanchez Gutiérrez.

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Bodega Bazar
Aquí queda, supuestamente, Inversiones Sisa.

Ambos viven en el famoso barrio de El Porvenir, en Trujillo. Buscamos a los dueños de esta empresa en la dirección que figura en SUNAT. No tuvimos suerte.

Sólo encontramos una bodega cuya dueña afirma no conocer a la empresa Sisa ni a sus gerentes, pero sabe de ellos porque siempre le llegan notificaciones a su local. Guarda los papeles porque no sabe a quién dárselos.

 

MIRA AQUÍ EL VIDEORREPORTAJE COMPLETO:

 

LA SOMBRA DE PATAZ

La historia de Sisa & Asociados continuó con aparente normalidad, hasta que un día cambiaron los zapatos de cuero por la minería.

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Sisa
Este es Sisa desde otro ángulo. 

Uno de sus fundadores, Anderson Siguenza pidió al Estado, en noviembre de 2024, la concesión de tres denuncios mineros en dos regiones del país.

Dos de ellas las solicitó en Cerro de Pasco. Una en la propia provincia de Pasco y la otra en la provincia de Daniel Alcides Carrión.

La tercera concesión está ubicada en la provincia de Pataz, región La Libertad, para ser más precisos en el distrito de Chillia.

Una zona tomada por la minería ilegal, de hecho a solo dos horas de Chillia ocurrió uno de los más sanguinarios crímenes de Pataz:  el secuestro y asesinato de trece personas en mayo del año pasado.

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Pataz
Así fue el operativo en Pataz cuando secuestraron y asesinaron a 13 personas. 

Por estos hechos y para saber con precisión sus relaciones empresariales, buscamos a Katherine Fernandez Torres, la dueña de la concesión minera Pachitea XX.

En Trujillo, en la dirección que figura en su ficha RENIEC, solo nos atendió su hermano, a quien le dejamos nuestros números telefónicos, pero nunca se comunicaron con nosotros, a pesar de nuestra insistencia.

Fuimos persistentes porque queríamos su opinión sobre las graves acusaciones que realiza contra ella, Luis Valle, el dueño de la mina informal Raíces de Ñausacocha.

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Valle
Luis Valle mira al vacío y reflexiona. 

Él la responsabiliza de una serie de delitos y atentados contra su propiedad y la vida de sus trabajadores. Agresiones que empezaron a mitad del año pasado.

GUERRA EN LA CORDILLERA

Era mayo del 2025, el ruido de una pala mecánica rompió el silenció cordillera. La máquina empezó a arrancar parte de un cerro. Quería construir una trocha que tenía un solo destino: la mina informal de Luis Valle.

Los operadores y obreros estaban resguardados por un grupo de hombres encapuchados y armados con fusiles, que miraban desde lo alto de los cerros.

Luis Valle y sus vecinos sólo atinaron a pararse frente a la maquinaria para impedir las excavaciones.

Es en ese momento cuando reapareció Katherine Fernández. Vestía un chullo blanco, zapatillas y, debajo de la casaca, un chaleco antibalas. Su objetivo era uno solo: llegar a su concesión Pachitea XX.

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Camionetas

Lo dijo sin rodeos. No importaba si para eso tenía que construir un túnel.

Ese día se armó una gresca entre Fernández y Valle. Llegaron fiscales, policías y se levantó un acta. La maquinaría se fue y parecía que todo estaría mejor, pero pasó todo lo contrario.

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Chullo

El 5 de junio del 2025 los trabajadores de la mina de Luis Valle se trasladaron en una camioneta para comprar alimentos para el campamento.

En el camino, alrededor de una casa, pudieron reconocer, a lo lejos, las mismas camionetas y maquinaria que habían visto semanas antes cuando Katherine Fernández intentó, a la fuerza, hacer una trocha.

Desde la camioneta en movimiento, empezaron a ver las placas de los carros cuando, de pronto, un hombre con pasamontañas levantó un arma y con total sangre fría, apretó el gatillo tres veces.

La camioneta aceleró y los trabajadores de Luis Valle huyeron como pudieron. De milagro nadie resultó herido. Las balas impactaron en la llanta y en el amortiguador de la camioneta.

A los pocos días las cosas empeoraron.

Una mañana, agentes de la comisaría de Ticlacayan realizaron un operativo en el campamento de Luis Valle.

Lo hicieron porque una persona denunció que escuchó disparos que provenían desde el terreno donde está ubicada la mina informal.

Un grito, remeció a todos. Dos agentes entraron a los cuartos de los mineros. En uno de ellos encontraron una cacerina con varias balas.

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Caserina con balas
Esta es la caserina que encontraron en uno de los campamentos

Sin embargo, uno de los ingenieros, denunció que esos dos policías vestidos con jean y zapatillas habían “sembrado” la cacerina y las balas.

Los dos policías se escondieron de la camioneta y fueron protegidos por sus colegas de la comisaría de Ticlacayan. Se los llevaron, pero no contaron con que, Luis Valle y sus trabajadores, los iban a detener.

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OPERATIVO
Aquí se ve a uno de los mineros grabando a un oficial. 

Los dos policías fueron identificados como los suboficiales Clinsmann Rosas Reyes y Ronald Rey Agurto. Lo extraño de la denuncia es que estos dos policías trabajan en comisarías de Trujillo.

Uno de los efectivos y el familiar del otro confirmaron el lugar donde trabajan a Perú21. Cuando le pedimos sus descargos, no nos respondieron.

Luis Valle y sus trabajadores, pensaron que eso ya era demasiado, que las coas no podían empeorar más. Estaban muy equivocados.

SANGRE EN LOS ANDES

A las 6 de la mañana del 2 de noviembre del 2025, la gran mayoría de mineros de Raices de Ñausacocha, estaban aún durmiendo.

Sólo algunos escucharon varias camionetas que llegaban al campamento. Uno de ellos fue Victor, quién salió para ver qué pasaba y observó a cerca de más de 20 hombres que vestían con uniformes de policías.

Victor no tardó en darse cuenta que esto era una emboscada y aquellos hombres no eran policías de verdad.

Los hombres disfrazados bajaron de las camionetas y a punta de balas e insultos, redujeron a 25 trabajadores mineros.

Los secuestradores obligaron a los trabajadores a llenar con mineral un camión que llegó con ellos. Estaba robando el oro, de la misma forma como ocurre en Pataz.

Mientras algunos llenaban el camión con minera, aparece en escena un ingeniero de la mina informal que había sido alertado que algo raro estaba sucediendo en el campamento.

El ingeniero no llegó solo, lo hizo con tres trabajadores y cuatro policías. Apenas ingresaron al campamento, fueron recibidos a balazos.

El carro quedó destruído, cerca de mil impactos y, otra vez, de milagro, ningún muerto, sólo más secuestrados.

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Auto baleado

El ingeniero y sus acompañantes fueron amarrados y golpeados por los secuestradores, como le pasó a Victor.

La balacera generó mucho ruido y eso puso nerviosos a los secuestradores. Sin perder más tiempo empezaron la huída. Quemaron sus uniformes de policías y se perdieron en el camino, mientras escapaban en sus camionetas.

La ayuda llegó muchas horas después. En total, fueron 25 mineros secuestrados durante casi 12 horas. Algunos estuvieron perdidos más horas, porque cuando vieron que los secuestradores se fueron, en la desesperación, corrieron hacia lo alto de los cerros para esconderse. 

Pasaron ahí toda la madrugada. Ensangrentados, con sed y dolor. Uno de ellos fue Victor, quien con un cuchillo de cocina logró cortar el cintillo que presionaba sus muñecas y logró escapar.

Desde esa fecha, Luis Valle ha contratado un equipo de seguridad que rodea todo su campamento. Tienen armas largas, municiones, radios, drones y, ahora, viaja con un hombre de seguridad que siempre tiene la pistola en la mano.

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Arma
Así de resguardada está la zona. 

Sabe que está en guerra. Una guerra por el oro. 

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