Rafael López Aliaga crea nueva jurisprudencia con cada arrebato. Su épica electoral extendió en un día la votación de las elecciones presidenciales. Y su negativa a juramentar en el Senado no tiene antecedentes en la historia política peruana. Ahora, la última osadía de lanzarse como candidato a teniente alcalde de la Municipalidad de Lima habiendo sido exalcalde y siendo un senador electo está llamada a sentar nuevos precedentes vinculantes en la legislación edil. Nuevos aportes a la hermenéutica jurídica que debemos agradecer.
SENADOR EN EJERCICIO
“Si declina de asumir la curul de senador (López Aliaga) podría postular de regidor a la alcaldía de Lima”, confirma José Manuel Villalobos, experto en derecho electoral. El abogado José Tello, presidente del Instituto Aklla, coincide en que no hay impedimento legal. Pero advierte que “hay un limbo, un periodo entre que es proclamado y recibe las credenciales. Y podría haber un malentendido a nivel del JEE al momento de calificar, si es que ya tiene un cargo”, explica. “O eventualmente alguna tacha de esas que de todas maneras le van a colocar”.
Hay abogados que piensan distinto. Según algunos expertos, uno se convierte en senador desde la proclamación, que en este caso ocurrió el pasado viernes 19 de junio. Desde esta perspectiva, la proclamación ratifica al senador. Y este solo se convierte en senador en ejercicio una vez que juramenta y recibe sus credenciales. Ambas formalidades son el requisito para el ejercicio de funciones.
Sin embargo, la juramentación es la culminación de todo un proceso preparatorio que culmina con el acceso formal al cargo. Y claramente López Aliaga renunció a formar parte de ese proceso.
LA RENUNCIA
En su carta notarial presentada ante el JNE, RLA comunica su desistimiento irrevocable a ser proclamado y asumir el cargo de senador. En la misma misiva, solicita que la credencial sea entregada al siguiente candidato de su lista con mayor votación. Según fuentes familiarizadas con su entorno, Absalón Vásquez le había dicho a RLA que él prefería que el líder del partido esté en el Senado, pero que, en caso de que decidiera no hacerlo, se lo comunique lo antes posible.
En la carta, López Aliaga argumentó que su declinación no lo desvincula de la responsabilidad partidaria, ya que el estatuto de Renovación Popular establece que el presidente del partido preside el grupo parlamentario. Finalmente, el texto vincula su decisión a las denuncias sobre un supuesto fraude a raíz de las fallas logísticas del 12 de abril durante la primera vuelta de las elecciones generales. “Tengo la firme decisión de conseguir justicia en nombre de los cientos de miles de peruanos que nos dieron su voto”, se lee en la carta. Y agrega: “la decisión que he tomado también se encuentra justificada en las denuncias que he interpuesto por los sucesos del 12 de abril, las cuales no podría seguir impulsando desde un escaño”.
EL CASO VALLE RIESTRA
En 2008, Javier Valle Riestra renunció a ser congresista. Su dimisión fue validada por el Poder Judicial tras un rechazo inicial, gracias a una demanda de amparo. Tras una larga batalla legal, logró que se aceptara en 2013, cuando ya había culminado el periodo parlamentario. De forma análoga, Marco Falconí renunció en 2014 para postular al GORE Arequipa. Sin embargo, una vez desechada la posibilidad de candidatear, Falconí desistió de la acción de amparo y volvió a sus funciones. La diferencia es que ambos ya eran congresistas en ejercicio cuando presentaron sus respectivas renuncias.
DE TENIENTE ALCALDE A ALCALDE
Pero la complejidad del caso no queda ahí. RLA pretende asumir la alcaldía de Lima una vez más. El plan es que Luis Rubio, el candidato de Renovación Popular, decline su cargo de alcalde de Lima para que ‘Porky’ asuma. Eso genera un impasse legal, porque no existe la reelección de autoridades. “La ley es clara: está prohibida la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores regionales, y el señor ha sido alcalde, así que no puede postular a una reelección. La ley es la ley, aunque sea dura”, explicó el abogado constitucionalista Alejandro Rospigliosi. “Acá opera otra figura que es la vacancia”, dice el experto electoral José Tello. “Es una decisión electoral con un alto costo político”, agrega. “La población que votó por él no lo va a tomar tan bien”. Lamentablemente, no es un caso aislado. Decenas de candidatos buscan una reelección encubierta como tenientes alcaldes de sus hijos, esposas, gerentes o socios.
Es injusto que la nefasta reforma de Vizcarra haya acabado con la reelección de autoridades. Pero esta es una forma de sacarle la vuelta a la ley.
EL COSTO POLÍTICO
Legalmente hablando, el debate está servido. Políticamente hablando, el costo es muy alto, como dice Tello. Porque aunque legalmente no haya precedentes, políticamente sí hay claros antecedentes de una decisión de este tipo.
Tras perder las elecciones presidenciales de 1980 y 1985, Luis Bedoya Reyes fue candidato a la alcaldía de Lima. Había quedado en tercer lugar en ambas justas presidenciales, así que solo un año después, en 1986, decidió volver a sus orígenes ediles como burgomaestre de la capital. Fue derrotado por Jorge del Castillo. Y aunque luego formó un frente con Mario Vargas Llosa, aquella derrota municipal significó el fin de su carrera política.
Siguiendo a su líder, Lourdes Flores Nano fue candidata presidencial en 2001 y 2006. Tras perder ambas elecciones por quedar en tercer lugar, decidió volver a sus orígenes ediles como regidora y teniente alcaldesa. Por eso candidateó a la alcaldía de Lima en 2010. Fue derrotada por Susana Villarán. Y aunque luego formó un frente con Alan García, aquella derrota municipal significó el fin de su carrera política.
La conclusión parece ser clara. Las carreras políticas son ascendentes, no descendentes. Luego de perder sendas elecciones presidenciales, Luis Bedoya Reyes y Lourdes Flores Nano candidatearon a la alcaldía de Lima. Y esas nuevas derrotas significaron el fin de sus respectivas carreras políticas. Un precedente a tomar en cuenta por Rafael López Aliaga. Corre el riesgo de que le digan: “Eso es todo, amigos”.