El pasado 18 de diciembre de 2024, el LUM (Lugar de la Memoria) conmemoró un año más del asesinato del dirigente sindical Pedro Huilca Tecse, pero lo hizo señalando al Grupo Colina como culpable del ominoso crimen de 1992.
A pesar de las evidencias judiciales, el LUM insistió en propalar fake news. No importa que incluso Sendero Luminoso se haya atribuido el crimen de Huilca; no importa la sentencia firme ni el testimonio que identificó a la ‘camarada Cusi’. A la hora de hacer activismo político, el LUM no tuvo problemas en publicar una noticia falsa. Y no es un caso aislado. El LUM también censuró el documental 1214: No tememos a los cobardes, sobre los mártires apristas en la lucha contra Sendero Luminoso. Lejanos parecen los días en los que el LUM era manejado con pluralidad y criterio por Guillermo Nugent, a quien le pidieron la renuncia en 2017 por la muestra “Resistencia visual: 1992”.
El LUM ha cambiado mucho. Al inicio ni siquiera utilizaba la cifra de la CVR y no registraba la memoria de las minorías asháninkas vulneradas por el terrorismo. Con el tiempo, el sesgo se ha hecho más evidente. No hay en todo el LUM una mínima (auto)crítica a la izquierda por su rol frente al terrorismo. Hasta la CVR fue más dura en ese aspecto.
Su depuesto exdirector Manuel Burga dice que “preferiría que desaparezca a que le cambien de narrativa”. Un claro ejemplo de intolerancia, análogo al que muestra la derecha bruta y achorada que pretende cerrarlo. La solución no es cerrar el LUM, sino ampliarlo. Hacer un museo realmente plural que cuente lo que pasó en aquellos años o crear otros museos, otros espacios en los que cada institución pueda contar su parte de la historia. Crear más memoria, no menos.
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