La tierra tembló durante apenas unos segundos, pero el dolor que dejó permanecerá por mucho tiempo. A las 9:24 de la noche del último sábado, un sismo de magnitud 5.1 sacudió la región Junín y convirtió la tranquilidad de decenas de familias en una escena de desesperación. Entre las consecuencias más dolorosas está la muerte de dos adultos mayores que no pudieron escapar del derrumbe de su vivienda.
Las víctimas fueron Marino Barreto Munive, de 72 años, y su esposa Adela Nestares, de 73, quienes llevaban toda una vida compartiendo alegrías, dificultades y sueños. La fuerza del movimiento sísmico hizo colapsar la humilde casa donde descansaban, dejándolos atrapados bajo toneladas de adobe y madera sin posibilidad de ponerse a salvo. Según los vecinos, solo atinaron a abrazarse antes de perecer.
Mientras Serpar suspendió las operaciones del espacio operado por Joy Zone, la pequeña permanece internada en el Hospital del Niño con fracturas en el cráneo y un brazo. ¿Qué dijo la Municipalidad Metropolitana de Lima?
La tragedia ocurrió en el anexo de Pumpunya, donde los gritos de auxilio rompieron el silencio de la noche. Vecinos y familiares llegaron de inmediato con la esperanza de rescatarlos con vida, removiendo los escombros con sus propias manos ante la falta de maquinaria. Sin embargo, el esfuerzo fue insuficiente y el desenlace terminó siendo devastador.
La historia golpeó especialmente a Javier Barreto, hijo de la pareja, quien además de enfrentar el inmenso dolor por la pérdida de sus padres, ahora debe afrontar otra dura realidad: la vivienda familiar quedó completamente destruida. Entre lágrimas, pidió apoyo a las autoridades, instituciones y personas solidarias para poder salir adelante en uno de los momentos más difíciles de su vida.
El sismo registrado la noche del sábado alcanzó una magnitud de 5.1 y tuvo su epicentro en la región Junín, generando alarma en distintas provincias. El movimiento fue percibido con intensidad por la población y provocó daños en viviendas construidas con materiales vulnerables, además de deslizamientos y afectaciones que continúan siendo evaluadas por las autoridades.
Tragedias como esta vuelven a poner sobre la mesa la fragilidad de muchas viviendas rurales frente a un evento de esta naturaleza. En cuestión de segundos, una familia perdió no solo su casa, sino también a dos de sus seres más queridos.
En Pumpunya el ambiente es de profundo luto. Quienes conocían a Marino y Adela los recuerdan como una pareja trabajadora, humilde y muy unida, razón por la que muchos vecinos aseguran que "se fueron juntos, como vivieron siempre". Sus historias, conversaciones y años compartidos quedaron sepultados junto con la vivienda que durante décadas fue su refugio.
Mientras continúan las labores de evaluación por los daños ocasionados por el sismo en Junín, el pedido de ayuda de esta familia se hace cada vez más urgente.