El Estado se tiene que transformar mediante el uso de data y tecnología. Esa es un área donde se puede introducir cambios en poco tiempo que, a su vez, inicien un proceso de búsqueda de mejoras.
Todos sabemos que la educación pública en Perú es deficiente respecto al porcentaje de niños que logran niveles adecuados de comprensión lectora y resolución de problemas matemáticos. Lo sabemos hace años, pero sigue siendo un problema por resolver. Las evaluaciones censales o muestrales nos sirven para saber el tamaño del problema, pero no para mejorarlo en el día a día. Y cada hora que se desperdicia en cada colegio público cuenta.
Para mejorar se necesita poder medir mucho más frecuentemente indicadores de proceso, para entender qué falla y que funciona. Cada padre de familia podría tener en su celular información sobre si su hijo asistió al colegio o se tiró la pera, y también si el profesor asistió y dictó la clase, qué tema cubrió, si dejó tarea, etcétera. Eso ocurre en algunos colegios privados, y permitiría medir qué relación hay entre los resultados finales y los distintos componentes que fueron parte del proceso educativo. Desarrollar una app para que eso funcione no es física cuántica.
Un reporte publicado el mes pasado por el Banco Mundial aborda el tema de cómo mejorar los resultados de comprensión lectora en países de ingresos medios y bajos. La clave es utilizar una secuencia de desarrollo de capacidades que ya está probado que funciona. Se trata, entonces, de secuenciar esas actividades y hacerle seguimiento para que se desarrolle cada paso en cada colegio. Si parece ambicioso, no lo es. Es asegurar niveles básicos de educación usando tecnología disponible.
Hoy al Estado lo medimos de manera continua solo por cuánto ejecutó de su presupuesto, eso no sirve. ¿Alguien gerenciaría una entidad privada sabiendo solo lo que se gastó cada día? Sería la receta para un desastre asegurado, que, por extraña coincidencia sideral, no dista mucho de lo que ocurre en muchas entidades públicas. El dato salta cuando ya es muy tarde: no ejecutó el 40%, subió la planilla en 80%, etcétera. La idea fundamental de tener indicadores no es saber con precisión milimétrica cuán jodido está el Perú, sino cómo nos abocamos a que esté menos jodido.
La frase “no se gestiona lo que no se mide” es bien vieja. Ningún servicio público va a mejorar si no se mide su eficacia y calidad de manera continua. Medir presupuesto, ejecución, cobertura y otros indicadores generales no está mal, pero es muy poquito para entender cómo funciona el servicio en la práctica, en cada unidad concreta: este colegio, esta posta, esta comisaría, esta municipalidad.
La OCDE, a la que incluso el golpista Castillo dijo que debíamos pertenecer, insiste desde hace años en que gobernar bien implica medir resultados, procesos y experiencia del usuario. En informes como Government at a Glance o Serving Citizens, no solo se pregunta cuánto se gasta, sino cosas mucho más cercanas a la vida cotidiana: cuánto espera una persona para ser atendida, si entiende la información que recibe, si el trato es digno, si el servicio es accesible y predecible. Eso permite algo clave: comparar servicios similares y hacer visible dónde el Estado funciona y dónde no.
En educación, por ejemplo, varios países miden de manera sistemática aspectos muy concretos: ausentismo docente, tiempo efectivo de clase, disponibilidad de materiales y funcionamiento básico de la escuela. En salud pública, se mide tiempos de espera por establecimiento, disponibilidad de medicamentos o experiencia de los pacientes. Y para todos los trámites, se mide cuánto demora realmente el trámite, cuántas veces debe volver la persona y si logró resolver su problema.
Las experiencias internacionales muestran que medir la calidad del servicio no es un lujo, sino una herramienta básica para que el Estado funcione mejor. Si un candidato no asegura que va a medir los servicios del Estado en cada unidad prestadora no puede prometer mejores servicios. Sería como un CEO de una cadena de tiendas que no tiene cómo saber qué ocurre en cada tienda cada día. Puro floro.