Junto a mí había un colombiano y un ecuatoriano en las mismas. Solo los tres nos dimos cuenta de que era Federer y por supuesto le pedimos autógrafos y fotografías. Él, como es buena gente y humilde, quería firmarnos pero a la vez no quería que mucha gente lo viera y se aglomerara; entonces le dijo a uno de sus guardaespaldas: “Déjalos entrar”. Era una cancha tapada con unas mallas negras alrededor para que nadie pudiese ver quién estaba dentro. Estuvimos cerca de una hora dentro de la cancha viendo a Roger jugar, distendido, con su amigo italiano Andreas Seppi. El mejor tenista de todos los tiempos, el más querido, el más elegante, multimillonario, hablador de 5 idiomas, es un ser humilde, generoso, nunca hizo trampa, y un verdadero ejemplo no solo para el tenis, sino para el deporte en general.