Se estima que —a lo largo de la vida— el 65% de un cuerpo humano es agua. Con los años uno se va secando. Esa es una de las miles de razones por la que es importante hidratarse siempre.
Con nuestra sociedad y su desarrollo económico, el agua es igualmente fundamental. En ausencia de ella la economía decrece. En presencia de ella, crece.
Ahora mismo, está lloviendo en la sierra. En toda la sierra.
Si bien es cierto, octubre no se caracteriza por ser un mes especialmente lluvioso, este 2025 lo está siendo por encima de lo habitual y los resultados están a la vista en todo el sistema hidrográfico nacional.
Hagamos un repaso y veamos los impactos económicos que esto trae.
Empecemos por el extremo norte. El año pasado a estas alturas, el Proyecto Olmos languidecía con un río Huancabamba en mínimos multianuales, mientras la falta de lluvias en el sur de Ecuador y la sierra piurana estresaba los campos que se sirven de las represas de Poechos y San Lorenzo. Hoy hay buen volumen de agua almacenada en los reservorios y tranquilidad en el campo por lo que se está observando.
Viniendo de norte a sur ya se aprecian las primeras lluvias levantando los caudales de ingreso a Tinajones y Gallito Ciego. Ello al tiempo que la gran campaña de arroz ya empezó en todo el norte. Vamos a ver aún más demanda de agua pues es un cultivo muy sediento de ella. Sin embargo, los niveles de los reservorios, las demandas estimadas y los ingresos de agua por precipitaciones hacen prever una campaña arrocera sin sobresaltos.
Pasando a Lima, hemos venido observando buena presencia y cantidad de precipitación en la sierra central. Sedapal se beneficia de ello y con ello la población de Lima Metropolitana y el Callao pues debemos descargar menos agua de nuestros embalses que, precisamente en esta época, es cuando más presión de descarga les solemos imponer.
Tanto en el caso de los reservorios del norte, como los del centro e inclusive los del sur, de mantenerse estas tendencias se va a producir una feliz condición: vamos a descargar menos agua de nuestros embalses hasta que lleguemos a diciembre cuando las condiciones atmosféricas generen ya lluvias mayores sobre las cuencas de los embalses y el proceso de llenado se haga a partir de embalses algo más llenos que lo habitual.
Los modelos climáticos más recientes son coherentes con este escenario.
Además, la circulación del aire sobre Sudamérica, que es la responsable final de que llueva nada, poco, normal o demasiado en nuestra sierra, ya está mostrando signos alentadores.
Necesitamos que se genere una circulación a gran altura sobre toda Sudamérica que tiene la forma de un remolino de aire –centrado en Bolivia– que favorece el ingreso continuo de aire húmedo desde la Amazonía a la sierra. Esa circulación: la alta boliviana, parece estar empezando su proceso habitual de configuración en primavera.