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Ese es mi Perú

"Felizmente, las políticas públicas urgentes no son ideológicas y son universales (salud, educación, seguridad ciudadana, gestión pública, no corrupción)…”.

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
19/04/2026 - 07:05
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Al cruzarse con los soldados, José escuchó que Herodes (‘el Grande’) había ordenado matar a los niños de Belén. Corrió a casa, cogió esposa, hijo y mula, y huyeron a Egipto. Se salvaron, pero José se sentía responsable de la muerte de los inocentes. Si hubiese alertado sobre la masacre, muchos pobladores también habrían podido salvar a sus hijos. Se sentía cobarde, no había hecho lo suficiente y la culpa le creció atormentándolo. Sin embargo, José no murió de esa angustia, sino crucificado por los romanos, que lo confundieron con un zelote (nacionalista judío). Jesús era aún niño cuando lo vio agonizar. A partir de allí aparece un Jesús más humanizado, con miedo, porque sabía que también moriría en la cruz y con cólera contra un dios que no le salvaba de la humillación ni del dolor. Es la historia que cuenta José Saramago en El evangelio según Jesucristo (1991). La novela es irreverente, fue censurada y, en otros tiempos, Saramago y sus libros habrían sido quemados. No obstante, a pesar de ser escrita por alguien que no cree en Dios, es una de las obras más religiosas, porque todas las religiones presentan el dilema entre el bien y el mal, la responsabilidad de elegir y las consecuencias de esa elección.

En medio de la turbulencia electoral, ¿qué dilema nos abruma? ¿Elegir en segunda vuelta entre Keiko y Sánchez o entre Keiko y López Aliaga? Lo malo es que, cualquiera que fuese la dupla, solo tendrán juntos un 25% de los votos, el restante 75% tendrá que alinearse. En las últimas elecciones, no hemos votado por uno, sino contra el otro. Así nos ha ido de mal en peor. ¿Alentaremos otra vez el antivoto? ¿La campaña será Keiko corrupta, López Aliaga matón y Sánchez rojo y aliado de asesinos? Pero hay más. El Perú que sale de las elecciones está partido en cinco. Hay tres bolsones regionales: Lima para López Aliaga, Arequipa para Nieto y Tacna para Belmont. Keiko tiene la costa norte, la selva norte (Loreto) y la sierra y selva central (Junín y Ucayali). Sánchez tiene la sierra norte (incluyendo las zonas cocaleras) y el sur del país (menos Arequipa y Tacna, pero incluyendo a Madre de Dios y su minería informal). Entonces, si López Aliaga no clasifica, Lima no estará en la final a pesar de que representa casi un tercio de los electores; y si Sánchez no clasifica, toda la sierra (menos Junín) y todo el sur del Perú tampoco estarán en la final a pesar de que representan más de la mitad del territorio nacional. En ese escenario será un falso dilema votar por uno o por otro. Tendremos que elegir algo más.

Consideremos que el presidente que se elija tendrá un Congreso polarizado. En las dos cámaras del Congreso, la derecha (Keiko + López Aliaga) tendrá alrededor de un 47%, la izquierda (Sánchez + Obras) un 33% y el centro (Nieto + Álvarez) el 20% restante. Los números van a variar, pero el peso cualitativo de los bloques será este: la derecha no tendrá mayoría suficiente para aprobar acuerdos calificados (dos tercios de votos), la izquierda podría tener los votos para vetarlos y el centro podría ser el árbitro que incline la decisión a la derecha o a la izquierda. Entonces, se tendrán que celebrar pactos políticos, que es lo esencial en cualquier democracia, pero tendrán que ser sobre políticas públicas a largo plazo porque, de lo contrario, se favorece que los acuerdos sean las típicas repartijas de corto plazo, donde priman los intereses particulares. Felizmente, las políticas públicas urgentes no son ideológicas y son universales (salud, educación, seguridad ciudadana, gestión pública, no corrupción) y esa universalidad es propicia para que nadie deba quedar excluido y que nadie pretenda excluir a nadie. Es un mensaje para el centro moral (incluyendo los no clasificados al Congreso como López-Chau, Guevara y Pérez Tello) porque perdieron la campaña para que la gente no votara contra lo que llamaron el “pacto mafioso”, en el que incluían a Keiko, López Aliaga y Sánchez, los tres que van delante, que han acumulado más del 40% de los votos, y dos de ellos disputarán la segunda vuelta. El verdadero dilema será construir ese pacto. No hacerlo es huir sin asumir responsabilidad alguna, provocando más deterioro político. Al final, la culpa nos atormentará, como al José de Saramago.

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